domingo, 5 de junio de 2011

Decadencia del imperio visigodo, años 683 al 711

Invasión Musulmana, año 90 de la Égira.Fue ocupada por Musá ibn Nozayr en nombre de los Meruanos, y por Tariq, hijo de Abd Allah, hijo de Wanmou, de la tribu Zeneta, al que acompañaban las tribus berebere.
Al Idrisi (ocupación de Algeciras)




Durante estos años, se suceden diferentes conflictos entre los visigodos, llevándose a cabo el desembarco en Gibraltar de tropas musulmanas, 7000 hombres, casi todos beréberes bajo el mando de Tarij ben Ziyad, uno de los generales de Musá ibn Nosayr (el moro Muza), cuya ayuda había sido solicitada por los partidarios de Akhíla duque de la Tarraconense, en los conflictos con Rodrigo duque de la Bética, elegido rey por los nobles en contra de los partidarios del hijo de Witiza, que no aceptaban esta elección.
Los musulmanes sin embargo, al comprobar con la facilidad que derrotaron a los visigodos en la batalla de la Laguna de la Janda, desarrollada entre los días 19 al 26 de Agosto (Guadalete 711), convirtieron la ayuda inicial en invasión, fortaleciendo su ejército con otros 5.000 hombres, enviados por Musá ibn Nusayr para proseguir la lucha contra los visigodos.
Durante los pocos años que duro la conquista de la Hispania visigoda por los musulmanes y los muchos que duro la reconquista, la parte norte de Jálama se convierte en zona muy poco poblada, principalmente de paso, con pequeñas fortificaciones musulmanas en los puntos estratégicos de la sierra: fortaleza de Jálama y castillo de Eljas.
Al mismo tiempo que surgen los despoblados, estas tierras se convierten en reductos de malhechores que se sitúan en las zonas agrestes de paso, “Puerto de Ladrones,” conocido actualmente por Puerto Viejo.
Cercano a este puerto, la toponimia refleje el paso por estas tierras de la dominación musulmana, recordándonos aquella época con el orónimo Canchal de los Moros, en cuyo entorno las leyendas sitúan cuevas secretas y tesoros ocultos.
Detrás de las pequeñas fortificaciones en la Sierra de Gata, la transierra está protegida por una segunda línea: Trevejo, Milana, San Juan de Máscoras y Almenara.
Ruinas del castillo de Trevejo





Aunque al norte de la sierra los despoblados son los que predominan en el territorio, con pequeños asentamientos en zonas cercanas en la hoy frontera portuguesa y también en el rebollar, gracias a una agricultura de subsistencia, no existiendo apenas vestigios del paso de los musulmanes; en cambio en el sur, la agricultura recibe un nuevo impulso con la experiencia musulmana en temas agrícolas y en técnicas de regadío, así como por la introducción de árboles frutales como el limonero, el granado, el membrillero etc... etc...
Las técnicas para cultivos agrícolas están recogidas en diversos tratados, en los cuales se describe la forma de llevar a cabo las siembras para una mejor y mayor producción. “Se ha de sembrar el trigo en la tierra buena y la cebada en la mediana y las habas y los garbanzos en la tierra húmeda. Las legumbres atemperan la tierra porque tienen fuera cortas raíces: entre los garbanzos, las vezas, las lentejas y las hierbas dañan la tierra y no se han de sembrar más de cinco semillas en un palmo, hasta siete de trigo y de cebada de siete a nueve y de habas de cuatro a siete. Y hay que sembrar la tierra fría más intensamente que la caliente. Y quien quiera hacer barbecho que lo hagan cuando los días son iguales que las noches y cuando are la tierra que la are dos ó tres veces y que el surco sea grande, que remueva bien la tierra y que deshaga los terrones. Y quien quiera sembrar lentejas, que las frote bien con estiércol de vaca seco: así nacerán más rápidamente y harán más grano”. Ibn Wafid.
Mientras al sur de la sierra las tierras cultivadas muestran un desarrollo importante, al norte, más allá de los despoblados, siguen las incursiones contra los reyes cristianos del reino de León.
A la llegada de al-Mansur al poder, las razzias por toda la península se hacen cada vez más frecuentes y sangrientas.
Pocas son las referencias que sobre el ataque a Santiago existen en las fuentes de los historiadores de la época.
Ibn Khaldum, nos describe el acontecimiento muy escuetamente. “Habiéndose sublevado de nuevo Bermudo, Almanzor marcho contra Santiago, cerca de la costa de Galicia. Esta ciudad es una peregrinación de los cristianos y en ella se encuentra el sepulcro del Apóstol Santiago.”
Esta campaña, según los cronistas de la época, se debió al descontento de los condes de Galicia contra Bermudo, circunstancia aprovechada por Almanzor para llevar a cabo su cuadragésima octava campaña, ya que según Al Makkari, “ningún príncipe islamita se había internado en aquel país, por lo arduo de su entrada, lo escabroso del terreno y su lejanía.”
A un manuscrito de Al Makkari se deben la mayor parte de los detalles de esta campaña, traducidos por Romey en su Historia de España.
Durante el verano del año 997, la montaña de Jálama, parece ser, fue testigo mudo del impresionante despliegue de fuerzas que a través del término del actual Navasfrías, sigue su camino por los despoblados del norte de la sierra, o tierra de nadie, hacia Compostela.
Almanzor, el día 3 de Julio, al frente de un gran ejercito de caballería, sale de Córdoba para dirigirse a los campos de Badajoz, aumentando el número de jinetes con las fuerzas de los condes tributarios de los musulmanes y descontentos con el Rey Leones, que se le van agregando a medida que avanzan en su recorrido, cruzando Medina Qawriya (Coria) y avanzando hacia el norte por la parte del actual Cilleros, Trevejo y Villamiel, para franquear la sierra por las laderas de Jálama, cruzando los campos de Navasfrías en dirección hacia Medina Galicia (Viseu), posiblemente utilizando la calzada romana de Celorico Da Beira, Viseu, hasta llegar a Bortkal ( Oporto ), donde se les unen las tropas de infantería que habían viajado por mar, destruyendo en su avance todo lo que encuentran a su paso, sufriendo especialmente esta destrucción un lugar de Schant Yacub (posiblemente Padrón), hasta que el día 10 de Agosto entra en Santiago y arrasa la ciudad llevándose las campanas del templo del Apóstol y las puertas de la catedral.
Después del ataque a Santiago, siguió el ejercito hasta la península de Mayanca, formada por las rías de la Coruña y Betanzos, país nunca pisado por planta musulmana, donde atascada la caballería, Almanzor emprende la retirada hacia los territorios de los Condes aliados, en donde al llegar a las cercanías de Ciudad Rodrigo, mandó distribuir al ejército, incluyendo los condes, el botín de la campaña.
Según Al Makkari y Rodrigo de Toledo, Almanzor mando que las campanas del templo del Apóstol, fuesen trasladadas a hombros por los cautivos cristianos hasta Córdoba, mandando colgarlas en la mezquita como trofeo que recordase su victoria; siendo utilizadas como lámparas.
Refiriéndose a esta campaña, Ibn Kaldun afirma que Almanzor hizo transportar las puertas del templo a Córdoba y las hizo colocar en la azotea de la mezquita.
Fernando I de Castilla y León, lleva a cabo la ocupación de las tierras del sur del Duero en los años 1035 – 1065, conquistando todo el territorio situado al norte del Tajo.
Años más tarde, en el año 1086, los almorávides bajo el mando de Yusuf ibn Tasfin derrotan en Sagrajas ( Zalaca ) a las huestes del rey castellanoleonés Alfonso VI, que estaban bajo el mando de Alvar Fáñez, teniendo que retroceder hasta el río Mondego.


Creación del reino de Portugal.


En el año 1097, el rey leones lleva a cabo la creación y donación del condado de Portucale.
Su origen tiene lugar en Portus Cale, pueblo ribereño en la desembocadura del río Duero.
El itinerario de Antonino en la vía XVI, indica en el paso de la calzada Bracara- Scallabis -Olisippone, sobre el Durius, el poblamiento Calem en la milla XXXV.
La crónica del obispo Idacio, concluida en el año 469, cita ya “Portucale locum”.
Este condado, cedido por Alfonso VI a su hija Teresa, casada con Enrique de Borgoña, estaba situado entre el río Miño y Santarém.
A la muerte de Alfonso VI, Enrique de Borgoña se declara señor de todo Portugal. Esto sería el comienzo de lo que años más tarde llevaría a cabo su hijo Alfonso Enriques, encabezando un movimiento independentista y asumiendo la titularidad como Rey de Portugal, aclamado como tal por sus soldados después de la batalla en los campos de Ourique contra los moros el día 25 de Junio de 1139, proclamado en 1142 por las “Cortes de Lamego“y ratificado por el pueblo en la iglesia de Santa María de Almocave ante el procurador general Lorenzo Viegas.
Alfonso VII, rey de Castilla-León, y Alfonso Enriques, firman el tratado de Zamora el 05 – 10 - 1143, reconociendo Alfonso VII a Alfonso Enriques como rey de Portugal ante el cardenal Guido de Vico, legado del papa Inocencio II.
Con la concesión del señorío de Astorga a Alfonso I, este queda obligado como vasallo del rey castellanoleonés.
En el mes de Noviembre, Alfonso Enriques se ofrece como vasallo al Papa, pagando cuatro onzas de oro anuales; pero no es hasta 1176 cuando Alejandro III reconoce Portugal como Santa Sede, confirmando así a Portugal como reino independiente; esto añadiría nuevos conflictos y muy graves durante muchos años para todos los habitantes de la frontera.

Sierra de las Mezas-frontera con Portugal


Órdenes militares. San Julián del Perero.(Pereiro)



Haec est institutio Militiae Pererii. Esta es la institución de la Milicia del Perero.
Con estas palabras, da comienzo en el libro hallado en Santa Maria de Alcobaza, la narración de la fundación de la Orden Militar del Perero.
Frey Alonso de Torres y Tapia, hace un relato pormenorizado en la obra Crónica de la Orden De Alcántara, de la vida de estos monjes guerreros desde sus inicios en San Julián del Perero.
En Septiembre del año 1156, según se desprende de este relato, es el principio de la fundación de la Orden del Perero por caballeros salmantinos en la ermita de San Julián del Perero, situada en la ribera del Côa, entre Sabugal y Ciudad Rodrigo, en el termino de Vila Nova, hoy Cinco Vilas, aunque puede no haberse hecho efectiva esta fundación hasta final de 1157 ó comienzos de 1158.
Primeramente sus componentes observaron la regla de San Benito como hermandad monástica durante la construcción del fuerte, y aunque su fundación fue llevada a cabo por el Obispo de Salamanca D. Ordoño, dándole a D. Suero y sus compañeros las reglas y estatutos del Cister, no sería hasta años más tarde cuando acatarían esta regla.
Fernando II, rey leones, repuebla Ciudad Rodrigo y le concede fueros, creando la diócesis civitatense el 13/02/1161.
En Enero de 1174, el Rey hace donación a San Julián del Perero y al Prior D. Gómez y sus Freires, de Raigada y de la Granja del Perero, confirmándolo a todos sus sucesores y señalándole como primer fundador de esta casa, sin que aparezca aún el titulo de Maestre, como se denomina a los jefes de las Ordenes Militares pertenecientes al Cister.
Con estas donaciones se comienza a crear un espacio que limita las ansias expansionistas del Rey de Portugal en el Reino de León, al mismo tiempo que se refuerza a la Orden del Perero para luchar con más eficacia en el frente para cuyo fin se había creado y que jugaría un papel esencial en la reconquista de la transierra.
En 1190, pasan a acatar las reglas del Cister, fundado por Roberto de Molesme en el cenobio de Citeaux en 1098 y puesto bajo la protección de la santa sede por Pascual II con la concesión del “privilegio romano” el 19/10/1100.
El hábito y vestido de los Freires Caballeros y Clérigos de la Orden del Perero, así como sus armas, tienen una ligera variación con el acatamiento de las reglas del Cister.
“El vestido de los Freyles Caballeros siempre fue corto, acomodado al exercicio de la guerra, pero religioso, porque traían unas túnicas que llamaban sayas largas hasta el tobillo, sobre estas caía el escapulario, y cuando salían fuera del convento cubrían uno y otro con las capas que llamaban tabardos. De qué color fuese todo esto no consta. Más tarde cuando Benedicto XIII les hizo favor de que dexasen la capilla, y en lugar de ella traxesen la Cruz, el color era conforme al de los monjes del Cister, las túnicas o sayas blancas, el escapulario, capilla y las capas o tabardos negro, que de este son las que los monjes llevan cuando andan fuera de sus conventos sin cogullas.
En sus armas figura un peral silvestre pardo sin hojas con las raíces descubiertas en campo de oro, y corriendo los tiempos por la unión y hermandad con la Orden de Calatrava, añadió las travas y después la cruz verde por la mudanza del habito”.
Su primer prior fue Suero Fernández Barrientos 1156 -1174.
El día 29 de Diciembre de 1177, Alejandro III reconoce la orden en bula papal, ratificada nuevamente por Lucio III mediante bula papal el 4 de abril de 1183, apareciendo por primera vez el nombre de maestre para denominar al jefe de la orden (Gómez Fernández) y eximiendo a los del Perero de la jurisdicción episcopal.
Inocencio III ratifica en bula papal a los del Perero el 16 de Julio de 1205 en Roma los derechos concedidos por Lucio III, y el 31 de Marzo de 1207 en Lateran les concede la provisión de iglesias parroquiales; hecho reafirmado años más tarde con el reconocimiento de varias iglesias como posesiones de la Orden de Alcántara por el papa Gregorio IX.
En el año 1213, Alfonso IX rey leones, conquista Alcántara, encomendando su defensa en 1214 a la Orden de Calatrava, pero debido a las dificultades de ésta para luchar en varios frentes, el rey concede Alcántara a la Orden Sanjulianista el 16 de Julio del año 1218, la cual traslada su sede a esta villa, denominándose en adelante Orden de Alcántara y pasando San Julián del Perero a ser una encomienda de la Orden.
“En 1219 estando el Rey de León Alfonso IX en Ciudad Rodrigo, y habiendo sido electo Maestre D. Frey García Sánchez, a la muerte de Nuño Fernández, este se acerco con otros caballeros a besar la mano al Rey, y recibir de El el pendón de su Orden, haciéndole entonces el Rey merced del Lugar de Navasfrías, termino de Sabugal, al Maestre y Orden del Perero y Alcántara, señalándose por propio una legua en contorno, “leguam unam in circuitum” con sus pastos, fuentes, montes, prados, aguas, entradas y salidas, y lo demás todo que le podía pertenecer.
Ciudad Rodrigo 16 de Julio de 1219”.
En Mayo de 1223, Diego García Sánchez concede un fuero breve a sus pobladores (hoy día se desconoce su contenido).
“A proporción que adelantaban la conquista las victoriosas armas de León, sus ya poderosos reyes, que unían a la suprema autoridad de jefes la consideración de compañeros, concedían a la nobleza, Órdenes Militares y ciudades realengas, dándoles fueros con que se gobernasen, los términos redondos, cuyos límites no ha borrado el tiempo, con el generoso intento de que cultivándolos se estableciese en sus extendidos páramos una numerosa y rica población, que defendiese sus frontera y llevase la guerra fuera de ellas, pactos y condiciones de la constitución feudal generalmente observada en aquel tiempo, que desempeñaron exactamente”.
Este alegato hecho por D. Vicente Paíno, ilustrado extremeño del siglo XVIII, en la Adicción a la exposición de la provincia de Extremadura en el expediente de concordia, nos da una idea del fin con el que se llevo a cabo la repoblación de los terrenos conquistados, que aunque en un principio sirvió para asegurar los territorios al sur de la sierra y buscar la prosperidad de sus habitantes, los privilegios de los señoríos, de las Ordenes Militares y especialmente del Honrado Concejo de la Mesta, se convertirían en una pesada losa para el desarrollo de la provincia de Extremadura y sus habitantes, como también denuncia en este expediente el mismo Paíno.
Con los concordatos de 1193 y 1223, quedan fijados los límites de las diócesis de Coria y Ciudad Rodrigo, pasando a la diócesis civitatense los pueblos de Trevejo, Villamiel, Eljas, San Martín de Trevejo, Descargamaría y Robledillo de Gata.
Ante las quejas del Maestre García Sánchez por las diferencias que la Orden mantenía con los vecinos de Sabugal sobre los términos de Navasfrías, Alfonso IX confirma su donación y términos en Sabugal el día 10 de Octubre de 1226. En este mismo documento confirma la donación y términos de Milana, en el que también existían esas mismas diferencias con los vecinos de Coria; en ambos casos esta confirmación por el Rey se hizo a petición del Maestre.
Debido a la pertenencia de Navasfrías al obispado de Ciudad Rodrigo y jurídicamente a la Orden de Alcántara, obispado de Coria, surgen desavenencias entre ellos en la percepción del diezmo, al no respetar a los del Perero la eximente de la jurisdicción episcopal, llegando a un acuerdo el obispo de Ciudad Rodrigo, Miguel, en 1227, con el Maestre, por el cual, el Obispado y el Cabildo de la Catedral reciben una tercia de todos los diezmos de Navasfrías. “Conocida cosa sea a todos, así presentes como por venir, que yo Martín, por la gracia de Dios Obispo de Ciudad Rodrigo, en uno con el Deán y Capitulo de la misma Ciudad, por razón de amor y paz hacemos tal composición con el Maestre y Freyles de Alcántara y del Perero: que nos den la tercera parte de todos los diezmos de Navasfrías y de todas las poblaciones nuevas hechas hasta aquí; ó que hicieren adelante en nuestro Obispado fielmente y sin fraude excepto las primicias.---quod dent nobis tertiam partem ómnium decimarum de Navis frigidis, et de ómnibus aliis populationibus novis in Episcopatu nostro factis, vel faciendis bona fide et sine fraude”.
Sin embargo el Obispado de Coria no llega a acuerdo y sigue con sus litigios y desacuerdos con la Orden.
El 18 de Diciembre de 1228, el Rey confirma a los vecinos de Navasfrías el fuero que anteriormente les había dado el Maestre D. García Sánchez.
El pueblo de Navasfrías, situado en la cara norte de la sierra de Gata, estuvo siempre muy ligado al Concejo de Sabugal en los aconteceres y vaivenes de la frontera, pero formando parte de la historia medieval de la transierra extremeña, dada su pertenencia a la Orden de Alcántara y al termino territorial de la Alta Extremadura.
El día 15 de Noviembre de 1227, Alfonso IX señala los límites del alfoz de Salvaleón, y posteriormente Fernando III confirma dichos términos el día 2 de Abril de1231 en Sabugal, delimitando su término “por Eljas hacia arriba hasta el Puerto de Ladrones, según separa con Navasfrías por aguas vertientes y después separa el mismo pueblo con Sabugal por cima de la sierra, por aguas vertientes “.
Alfonso X concede el Castillo y la Villa de Salvaleón, a la Orden de Alcántara en Sevilla el 22 de Enero de 1253, y Pedro Yáñez 7º Maestre de la Orden, forma la Encomienda de Salvaleón y concede fueros y cartas pueblas a sus moradores el 16 de Octubre de 1253 en Alcántara.
Con el paso del tiempo, los pueblos de Navasfrías, Genestosa, Valverde y Cilleros estarían integrados en esta Encomienda.
Según parece, Navasfrías pasaría a la Encomienda de Salvaleón con posterioridad a 1362, ya que en 1298 es Comendador de Navasfrías Frey Pedro Muñiz, y en 1362 Frey Pedro Yáñez; posiblemente La Genestosa seria de la Encomienda de Navasfrías, incorporándose las dos al mismo tiempo a la Encomienda de Salvaleón.
D. Esteban Fernández y Dª. Aldonza Rodríguez, su mujer, hacen donación al Maestre D. García Fernández y al Convento de la Orden de Alcántara, del Lugar de la Genestosa, otorgándoles carta de propiedad en Córdoba el día catorce del mes de Julio de 1282. “Á los que aquí son y serán de aquí adelante, todo cuanto heredamiento nos habemos en la Genestrosa y en su término, con casas, y viñas y huertas, é dehesas, é montes, fuentes, heredamientos, aguas, pastos, vasallos y con todos cuantos derechos nos hi habemos y debemos haber. Son testigos los escribanos públicos de Córdoba Alfonso Muñiz y Fernán Roiz. Tiene su asiento este Lugar á la raya del Reyno de Portugal, cuatro leguas de Ciudad Rodrigo” (la distancia en realidad sobrepasa las siete leguas). Estuvo poblado hasta los años 1409. Era de la Encomienda de Salvaleón hoy de la Magdalena.
El Lugar de la Genestosa figura en un documento de 1389 como mansión de la Catedral de Ciudad Rodrigo, desapareciendo en el año 1409 por las continuas rapiñas de que eran objeto sus moradores por parte de los portugueses, desplazándose la mayor parte de ellos al pueblo cercano de Alberguería de Argañan.
El día 12/06/1294, el obispo de Coria D. Alfonso, pronuncia sentencia de excomunión contra algunos comendadores y freyres de la orden de Alcántara, entre ellos, los comendadores de Ceclavin, La Moraleja y Navasfrías, por haber dado orden de matar ó haber matado a los recaudadores del diezmo del obispado.
Este mismo día se firma una concordia, estando entre los testigos Pedro Muñiz comendador de Navasfrías.
Fernando IV, hace donación de las Eljas, aldea de Coria, perteneciente a la Orden de el Hospital, al Maestre y Orden de Alcántara, con todos sus términos, pobladores, justicia, pechos, fueros y derechos, en Valladolid martes día 13 de Noviembre de 1302.
Después de la unificación de las encomiendas de Salvaleón y Eljas, en el siglo XIV, Navasfrías y el resto de pueblos de la encomienda de Salvaleón pasan a pertenecer a la encomienda de Eljas.
Por la concordia entre el Obispado de Coria y el Maestre de Alcántara, en 1231, se fijan las posesiones de la Orden en la Sierra de Gata, hecho que es ratificado en el mes de junio del año 1235 por Gregorio IX, reconociendo como posesiones de la Orden de Alcántara la iglesia de San Juan y la villa de Navasfrías, entre otras.
El mantenimiento de las filas de las órdenes religiosas, viene dado como consecuencia de la incorporación de la nobleza a la disciplina de los monasterios, en tiempos donde las cruzadas y las guerras santas ocupaban la mayor parte de la vida de estos monjes guerreros, los cuales tenían que superar ciertas pruebas para su admisión como religiosos de dichas órdenes.
Juan de Grijota de Santibáñez García y de Quijano, natural de la Villa de Navas frías, es sometido a dichas pruebas para su ingreso como religioso en la Orden de Alcántara, en 1561, exp. – 240.



Nacimiento de la Mesta, y del Honrado Concejo de la Mesta.


Entre los años 1260 -1265, se produce el nacimiento de la Mesta, asociación ganadera de pastores en principio de tipo fronterizo. Su origen es la etapa de lucha contra los musulmanes, cimentado en una disposición que prohibía el cercado de tierras, incluso las cultivadas, como medida para defender los rebaños, desplazándolos rápidamente ante cualquier ataque musulmán o portugués.


Alfonso X, ante la creciente demanda de lana de los mercados extranjeros, amplia los privilegios de la mesta, en Gualda, el día 2 de Septiembre de 1273, con el libre paso por las cañadas, sin restricciones ni en los abrevaderos, ni en las tierras cultivadas, certificando con este y otros privilegios el nacimiento del Honrado Concejo de la Mesta. Esta medida unida a los privilegios de las órdenes militares, tendría graves consecuencias para el desarrollo de Extremadura y envolvería en la pobreza a la mayor parte de sus habitantes. Navasfrías aún formaría parte durante muchos años del territorio de la alta Extremadura.
Las vías pecuarias, formadas por cañadas, cordeles y veredas, están determinadas por su amplitud, la cañada con 75 m., el cordel con 37,5 m. y la vereda con 20 m., forman una tupida red de caminos que cruzan la península por todas partes; la mayoría de estos caminos transcurren a través de las antiguas vías romanas, formando parte de esta maraña de caminos, los abrevaderos, los descansaderos y las majadas, lugares donde dar descanso al ganado y a sus pastores.
Las principales cañadas que cruzan la península dirección norte-sur, son la Cañada Zamorana o de la Vizana, la Cañada Real Leonesa, la Cañada Segoviana y la Cañada Soriana.
Una de estas cañadas procedente de la Vizana y de las otras vías cuyo nexo de unión es la capital charra, parte de esta con dirección a Ciudad Rodrigo, El Bodón, Fuenteguinaldo, Peñaparda, Perosin y la ladera de Jálama, bajando hacia Extremadura por el Puerto de Perales (A partir de El Bodón su itinerario es conocido como el cordel de las merinas); otros ramales o caminos ganaderos lo unían con los pueblos situados en la sierra. Uno de estos trayectos que recibe el nombre de “La Cañada”, unen por Payo y a través la zona de la Genestosa, el término de Navasfrías.


Separación del concejo de Sabugal de la corona de Castilla.


Los infantes de la Cerda, en el año 1295, ayudados por el rey de Portugal Don Dinís, tratan de obtener la corona de Castilla luchando contra el monarca castellano Fernando IV menor de edad, que es apoyado por la orden alcantarina, pero no pueden evitar que el rey portugués se apodere de la Riba Côa, concejo de Sabugal, quedando Navasfrías en terreno castellano leones, dentro de la alta Extremadura.
Doña María de Molina, regenta de Castilla, firma el tratado de Alcañices en el año 1297, renunciando a los terrenos conquistados por el rey de Portugal Don Dinís.
La búsqueda del fortalecimiento de la frontera, por parte de los portugueses, trae consigo la fundación de varios pueblos en el concejo de Sabugal, dando lugar a la formación de núcleos de población donde cobran importancia los “coutos de homiciados”, siendo Alfaiates uno de los más importantes.
La paz en la frontera extremeña duraría pocos años, ya que en1325, al cumplir la mayoría de edad Alfonso XI rey de Castilla, Don Juan Núñez de Lara se subleva contra el rey.
Alfonso IV de Portugal, rompe la paz y empuña las armas en apoyo de D. Juan, atacando Badajoz, pero rápidamente Alfonso XI, hace convocatoria a los concejos de Sevilla, Cáceres, Trujillo, Plasencia y Coria, al mismo tiempo que al Maestre de Alcántara D. Ruy Pérez, el cual juntamente con andaluces y extremeños acaudillados por D. Enrique Enríquez, D. Juan Alonso de Guzmán y D. Alvar Pérez de Guzmán derrotan en Barcarrota a los portugueses que estaban bajo el mando de Don Pedro Alfonso de Sosa, obligando al Rey portugués a levantar el cerco.
En los años posteriores, siguen las disputas entre castellanos y portugueses.
A la muerte del rey portugués Fernando I, el trono es reclamado por Juan I de Castilla a favor de su esposa Beatriz, hija del rey de Portugal, pero el maestre de la orden militar de Avís se proclama rey de Portugal con el nombre de Juan I, y aunque los castellanos habían puesto sitio a Lisboa son derrotados por los portugueses en Aljubarota en 1385.
En 1407, el rey castellanoleonés Juan II, confirma el trazado de la frontera ante la reclamación de las villas de Navasfrías, Genestosa y Valverde del Fresno por el rey portugués Juan I el Grande.
A pesar de la pertenencia del concejo de Sabugal a la corona portuguesa desde 1297, 45 pueblos de este concejo siguen perteneciendo a la diócesis de Ciudad Rodrigo hasta el cisma de occidente, abierto a la muerte de Gregorio XI en 1378 y finalizado con la elección de Martín V en 1417.
Ante la reclamación del Obispo Civitatense, Sixto IV confirma en bula papal el 21/06/1481, la escisión de los pueblos del concejo de Sabugal, de la diócesis de Ciudad Rodrigo.


Privilegios Feudales.



Por la debilidad real durante el reinado de Enrique IV, algunas villas realengas se convierten en señoríos al ser donadas a los nobles en pago de los servicios prestados, pero las continuas disputas entre ellos, hace de esta zona un lugar inseguro.
El más destacado por su belicosidad, es Hernán Centeno, hermano de Francisco Centeno, alcaide de la fortaleza de Trevejo y de Alonso Centeno, Señor de Peñaparda, el cual se hace con el castillo de Rapapelo, en plena sierra, en el lugar denominado las torres a 1270m de altitud, punto estratégico desde donde se domina el valle de Jálama en las zonas de San Martín de Trebejo, Navasfrías, y El Payo.


De sus continuas fechorías y también las de sus familiares, tenemos constancia documental por las cartas de los Reyes y el Consejo ante los desafueros y tropelías cometidos en toda la comarca.
Seguro a Alfonso Suárez de Toledo y familia, vecinos de San Martín de Trevejo, defendiéndole de Fernando Centeno alcaide de la fortaleza de Eljas.- Reyes 20/01/1480.
Seguro a la villa de San Martín de Trevejo defendiéndola contra Fernando Centeno, alcaide de la fortaleza de Eljas y Francisco Centeno, su hermano, que lo es de la de Trevejo.-Reyes 23/02/1480.
Emplazamiento a petición de la villa de San Martín de Trevejo contra Fernando Centeno, alcaide de Eljas y gobernador de la encomienda de Trevejo, por los daños y males que comete contra dicha villa, y por cierto juro que en ella tenía situado Diego del Águila gobernador de Ciudad Rodrigo, que indebidamente cobra dicho alcaide.- Rey 20/03/1480
Iniciativa a las justicias, a petición del lugar de El Sango tierra y jurisdicción de Ciudad Rodrigo, en razón de robos y muertes de que sus vecinos fueron objeto por parte de Fernando Centeno, alcaide de Trevejo, Gutierre de Monroy, alcaide de la Peña de Fray Domingo, Juan de la Plaza y Torres de Valladolid.- Reyes 25/03/1480
Seguro a favor de las villas y lugares de la encomienda de Trevejo defendiéndolas de Fernando Centeno y los suyos, contra quienes combatieron en la fortaleza de Eljas para tomársela.- Reyes 30/05/1480.
Carta para que Fernando Centeno entregue la fortaleza de Eljas, a Jorge Avendaño.- 26/06/1480.
Comisión al alcalde de la fortaleza de Eljas sobre los bienes que fueron robados a Mari Fernández de Valverde, por Fernando y Bernal Centeno.- Consejo 13/12/1480
Comisión para que sea guardado el asiento-cuyos términos se expresan-concertado entre Fernando Centeno y sus parientes, y Diego del Águila y los suyos, así en razón de la muerte de un hijo de dicho Diego-que es comendador también llamado Diego- de que se acusa a los dichos Fernando Centeno y los suyos, como sobre la posesión de la fortaleza de las Eljas.- Reina 15/12/1480 Medina del Campo.
Los Reyes Católicos restablecen el orden y perdonan sus fechorías en 1480.
Parece ser, que después de todo esto, su retirada a la villa de Acebo estuvo rodeada de buenas obras y de un sincero arrepentimiento.
Uno de sus descendientes probaría como caballero de San Juan.
Expediente de pruebas para la concesión del título de caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén a Francisco Centeno Pecellin de Paz y Maldonado, natural de Ciudad Rodrigo.
Abuelos paternos Fernán Centeno y Constanza de Paz. 1581.
En el mismo año de 1480, los Reyes reafirman los privilegios del Honrado Concejo de la Mesta:
Real Cedula de 1480 que prohíbe el cercado de las tierras comunales.
Unos años más tarde: Ordenanza de 1489 que modifica las lindes de las cañadas.
Ley de arrendamiento de tierras, autorizando a los ganaderos de la Organización, el usufructo de las tierras ocupadas por sus rebaños, percibiendo a cambio el impuesto de servicio y de montazgo; la parte más cuantiosa de ingresos de la Corona.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Entrada de los Pueblos Indoeuropeos

Cultura de los Campos de Urnas. Edad del Hierro






A finales del segundo milenio a. C., pueblos indoeuropeos provenientes de la cultura de los campos de urnas, comienzan los contactos con las zonas mediterráneas próximas al sur de los Pirineos, así como de las comarcas del valle del Ebro, iniciando los primeros asentamientos en la península.
Seguidamente, en los comienzos del primer milenio a. C., gentes que anteriormente se supone establecidas en la península Itálica, en posibles contactos con los pueblos vénetos, pasan a iberia ocupando zonas del interior. Estas gentes, que en un principio fueron consideradas por Pokorny como ilirias, hoy día son definidas como un pueblo de cultura indoeuropea cuya lengua contiene rasgos arcaizantes, denominada antiguo europeo, pero dejando en el aire la pertenencia iliria.
Según Menéndez Pidal, estas gentes, afines o mezcladas con ilirios, eran conocidos como ambrones, los cuales ocuparon grandes zonas en el norte, centro y oeste de la península; aunque según el estudio de la hidronimia y toponimia, estas zonas, se extenderían también hacia el sur.
En el inicio del siglo VII a. C., Cempsios y Saefes, de la cultura de Hallstatt, penetran así mismo en la Península instalándose en la costa atlántica.
Hasta comienzos del siglo VI a. C., continúa la entrada en la península de los pueblos celtas provenientes de los campos de urnas, posicionándose en la meseta e introduciendo el trabajo del hierro.
Los celtas, se organizaban en tribus dirigidas por caudillos, estando integrada la población por pequeños grupos rurales de campesinos, los cuales se asentaban en zonas altas, fortificándolas con empalizadas.
En la vida domestica, para cocinar, las mujeres utilizaban una caldera de hierro, colgada sobre el fuego de una cadena; procedimiento similar al de las llares.
El sentido de lo sagrado de los celtas, está en clara conexión con las fuerzas de la naturaleza: manantiales, ríos, rocas, montes y arboles.
Es por esto que, a la llegada de los celtas (vetones), los que se instalan en las inmediaciones del hoy llamado monte de Jálama, convierten el orónimo Salama, en cuyas laderas están las fuentes que alimentan algunos ríos de la zona, en el teónimo Salamati, divinidad a la que atribuyen la provisión de agua para que sus terrenos sean fértiles, tanto para cultivos, como especialmente para pastos y ganados.
La mezcla de los celtas con el resto de pueblos del oeste, no fue tan importante como en el centro peninsular, aunque hizo posible el crecimiento de nuevos núcleos de población; ocupando otros importantes como Irueña, castro situado en la parte oeste de su territorio, habitado en un principio, posiblemente, por gentes no indoeuropeas.
Los vetones, de procedencia directamente celta, llevaron a cabo su asentamiento sobre núcleos de población indígena, en una parte de la zona que muchos años más tarde seria conocida como la Lusitania, ocupando una franja de terreno entre el río Duero y el Tajo, partiendo desde la Riba Côa hasta la actual Ávila.
Según la descripción de Estrabón. (III, 3,1) “El Tajo nace entre los celtiberos y cruza por entre los carpetanos, los vetones y los lusitanos corriendo hacia el occidente equinoccial”.
Aunque los celtas eran eficientes agricultores, los vetones son considerados un pueblo preferentemente ganadero.
Su estructura militar es celta, con adiestramiento en la lucha con la caballería, hostigando y saqueando los pueblos vecinos.
Los principales testimonios dejados en la zona, son los verracos esculpidos en roca granítica hallados en pueblos próximos, habiendo sido destruidos en algunos casos. Estos verracos, posiblemente, son hitos que marcan límites de territorio; así como zonas de pastos pertenecientes a diferentes tribus de este pueblo.
La economía pastoril del pueblo vetón y los datos aportados por Estrabón en su geografía sobre la zona al norte del Tajo, nos dan datos para poder considerar, que los ocupantes del castro de Irueña, serian asiduos visitantes de la cabecera de los ríos Águeda y sus afluentes, tanto por sus praderas (NAVAS), ya próximas a la sierra de las Mezas, donde nace el Côa y finaliza el territorio vetón, como por el estaño y oro nativo de sus ríos; además de la abundancia de pesca y caza.
Estrabón III, 3, 5 “La región situada entre el Tajo y el país de los ártabros (costa norte gallega), habitan unas 30 tribus. Esta región es naturalmente rica en frutos del campo y en ganados, en oro y plata y otros muchos metales; sin embargo, la mayoría de sus habitantes prefieren el oro al cultivo de la tierra y viven en continuas guerras entre sí y con sus vecinos del otro lado del Tajo”.
Entre los diferentes pueblos que fueron conformando Iberia, ocupan un lugar importante en aquella época, los lusitanos, pueblo encuadrado en la parte central del oeste peninsular, cuya provincia, la Lusitania, comienza a funcionar como tal, a partir del reparto de las provincias entre Augusto y el senado, desdoblando la Ulterior en dos provincias, la Betica y la Lusitania; estando compuesta esta, por antiguos pobladores de la -Riba Côa y de la Sierra de Gata-, así como la Beira Interior, la Beira Baja, la provincia de Salamanca, Cáceres y parte de las provincias de Ávila y Badajoz (denominaciones actuales). Parte de este territorio había sido ocupado por los vetones desde su entrada en la península; siendo lusitanos y vetones los principales pueblos que ocuparon esta provincia.
La dedicación de los lusitanos estaría ligada a la agricultura y a la ganadería.
La lengua lusitana, según parece, sería la herencia de los pueblos no célticos, de habla indoeuropea arcaica o antiguo europeo, a los pueblos autóctonos de la Lusitania.
La afirmación de Hesiodo al considerar a los ligures el pueblo más antiguo de la Europa Occidental, así como, de A. Schulten afirmando que a la entrada de los tirsenos la etnia principal de la zona donde se asentaron eran ligures, hace que sea muy probable, que el substrato etnográfico de la Lusitania a la entrada de los pueblos indoeuropeos, fuese también de origen ligur.
El carácter indómito que siempre mantuvieron las tribus lusitanas, hace que sea considerado un pueblo primitivo por los cronistas romanos de la época. Este pueblo situado en una zona de influencia de la cultura del bronce, lo convierte en gentes expertas en la manipulación de los minerales y por tanto en la construcción de armas y al mismo tiempo hábil en la lucha, dado que las disputas entre tribus y con otras poblaciones es relativamente frecuente.
Los pertrechos y armamento que portan los guerreros lusitanos, son descritos por Estrabón en su geografía de la Península.
(III 3, 6) “Su escudo es pequeño, de dos pies de diámetro, y cóncavo por delante; lo llevan sujeto con correas, ya que no tiene abrazaderas ni asas. Van armados también de un puñal o cuchillo; la mayor parte llevan corazas de lino, y pocos, cota de malla y cascos de tres penachos. Otros se cubren con cascos tejidos de nervios; los infantes usan grebas y llevan varias jabalinas; algunos usan también lanzas con punta de bronce”.


Invasiones romanas



Después de la perdida de la hegemonía de los Cartagineses en el Mediterráneo, en las dos primeras guerras púnicas 264-241 y 218-201 a. C., los romanos llevan a cabo el inicio de la ocupación de la península, fijando la primera división administrativa en el año 197 a. C. en Hispania Ulterior y Hispania Citerior; quedando lusitanos y vetones dentro de la Ulterior.
Hispania romano según Schulten, procede del fenicio “i – sch’ phannim” = costa de los conejos.
Desde la llegada de los romanos a la Bética, lusitanos y vetones redoblan sus incursiones en este territorio para saquear dichas zonas, teniendo constancia de los primeros enfrentamientos ya en el año 194 a. C.
En los años 193 y 192 a. C., siguen los enfrentamientos de vetones coaligados con vacceos y celtiberos contra el pretor M. Fluvio. Estos enfrentamientos, narrados por Livio, se producen en diferentes zonas de la Ulterior.
Es el mismo Livio, quien más tarde, nos da a entender un cierto periodo de calma en los combates entre romanos y vetones, permitiendo estos, a los romanos, en el año 179 a. C., el paso por su territorio para lanzar después L. Postumio un ataque contra los vacceos.
Ante las incursiones de Púnico y las derrotas infligidas a los pretores L. Manilio y L. Calpurnio Pisón, siguiendo los ataques al sur del Tajo con la ayuda de los vetones, Roma trata de asegurar su posición más allá del Tajo, en territorio de lusitanos y vetones, continuando las llamadas guerras lusitanas comenzadas en el año 155 a. C. En este frente, están juntos los pueblos lusitano y vetón.
Lusitanos y vetones son de carácter indómito e independiente, atribuyéndoseles a hombres y mujeres gran arrojo y valentía personal.
A Púnico le sucede al frente de la rebelión Césaro, que en el 153 a. C. derrota las tropas del pretor de la Ulterior L. Mummio; aunque logra recuperarse, ocasionando numerosas bajas a los lusitanos en otras confrontaciones y derrotando a Cauceno después que Éste hubiese ocupado el Algarve y pasado al norte de África.
Con los pactos de Atilio Serrano en el 152 a. C., los vetones parecen sometidos al impero; pero la irracionalidad y salvajismo romanos después de los pactos y en el 151, hacen que los vetones sean acompañantes de los lusitanos en sus campañas en la Bética en este mismo año.
Tras la sucesión de Atilio por Servio Sulpicio Galva y de diversos contratiempos con los lusitanos, siendo derrotado por estos, Galva une sus fuerzas con Lúculo en el 150 a. C., forzando la rendición de lusitanos y vetones, prometiéndoles seguidamente el reparto de tierras; estas promesas son incumplidas y los que se presentan a la convocatoria son pasados a cuchillo y sus mujeres e hijos vendidos como esclavos en la Galia.
La diferencia de víctimas de la matanza de Galva entre los historiadores de la época, es desigual, confirmándonos Tito Livio que fue una carnicería inhumana.
Los enfrentamientos con Roma siguen en el año 147 a. C., siendo Viriato el jefe más importante de los pueblos lusitano y vetón.
Una de las aseveraciones sobre su nacimiento, trasmitida desde muy antiguo oralmente y recogida en forma escrita en el año 1654 por Gabriel Azedo, dice, que Viriato era natural del Guijo de Santa Bárbara, situado dentro de territorio vetón y en la zona más alta de toda la comarca de la Vera; con lo cual tendríamos un Viriato nacido en la Lusitania pero de etnia vetona. Otros sitúan su nacimiento en Monte Herminio (Sierra de la Estrella), ó en otros lugares como Zamora y Viseu.
Ninguno de estos datos está determinado por pruebas que lo demuestren con certeza.
La apreciación del Guijo puede tener cierto fundamento, ya que Viriato logró escapar a la matanza de Galva y según Valerio Máximo, los convocados fueron los Coerenses, Caluri y Calontienses; los dos primeros situados al norte del Tajo, entre los ríos Alagón, Jerte y Tietar y los Calontienses al sur, entre el Tajo y el Salor; los Caluri eran los ocupantes de la zona del Guijo.
La cercanía de los Coerenses y Caluri a la sierra de Gata, hace posible que la convocatoria de estos pueblos fuese en los terrenos situados en los llanos comprendidos entre Monte Hermoso, Moraleja y Coria, desde donde Viriato podría haber escapado a zonas de la sierra de Gata, o la parte oeste de la Sierra de Gredos; todos estos terrenos posiblemente bien conocidos por la mayoría de los que lograron escapar.
No cabe ninguna duda que estos alcanzarían mejor su objetivo en terrenos montañosos que en lugares llanos, sobre todo, siendo su dedicación el pastoreo, que como es sabido en aquella zona y época, se trataba de rebaños de cabras, con lo cual, estarían habituados a los sitios agrestes de la sierra.
Apiano da por hecho la fuga de Viriato en aquella matanza.
“Sin embargo unos pocos de ellos lograron escapar, entre los que estaba Viriato, quien poco tiempo después se puso al frente de los lusitanos, dio muerte a muchos romanos y llevó a cabo las más grandes hazañas”.
Otra de las incógnitas y también de difícil solución, es la ubicación del “Mons Veneris”, ya que las referencias sobre su situación, no llegan más allá de la mención del río Tajo y un monte de olivos; siendo también Apiano el que nos da este dato impreciso.
“Cruzó el río Tajo y acampó en un monte cubierto de olivos, llamado Monte de Venus. Allí lo encontró Plaucio y lleno de premura por borrar su derrota, le presentó batalla”.
En el año 140 a. C., la derrota infligida al cónsul Quinto Flavio Máximo Serviliano, hace que los romanos pacten con Viriato (aequis coditionibus) y este pase a ser considerado aliado del imperio.
Esta situación no duraría muchos años, en el 138 a. C., los romanos no conformes con el tratado llevado a cabo por Quinto Servilio Cepión, tratan de plantear unas nuevas negociaciones, asesinando a Viriato los propios oficiales encargados del pacto: Audax, Ditalco y Minurus, sobornados por Marcus Pompilius Lenas; siendo sometidos progresivamente lusitanos y vetones al imperio romano.
El sucesor de Viriato, Táutalus, pese a su entrega, nada pudo contra la fortaleza de las legiones romanas.
El reconocimiento a la fortaleza de estos pueblos, es admitido por los historiadores de la época, entre ellos Estrabón.
Geografía de Estrabón III, 3, 3. “Al septentrión del Tagos se extiende la Lusitania, la más fuerte de las naciones iberas”.
Las fuentes antiguas reconocen también la valía de Viriato como líder carismático y gran estratega, quedando para la historia su forma de plantear los ataques, llevando a cabo lo que hoy se denomina guerra de guerrillas.
El sometimiento de los pueblos lusitano y vetón y su pacificación, se produce plenamente durante la guerra sertoriana, entre el 82 y 72 a. C.
La condición y calificación de los habitantes de las zonas conquistadas por Roma, pasan en su evaluación de barbari, a ser considerados peregrini, con lo que se inicia el camino para que un día sus ciudades, federadas, inmunes, libres y estipendiarias, lleguen a alcanzar el grado de municipio romano; quedando fuera de esta posibilidad los peregrini dediticii.
Este sometimiento queda reflejado posteriormente en la guerra civil en la Península entre César y Pompeyo, en la que se lleva a cabo en el año 49 a. C. el reclutamiento por parte de los generales de Pompeyo de tropas auxiliares entre los vetones, las cuales, quedaron bajo el mando de Petreyo, legado de Pompeyo en la Lusitania.
Durante la época imperial, llega a formarse un ala ligera compuesta por vetones, considerados excelente jinetes, que pasan a formar parte del ejército romano; estas fuerzas están presentes durante la campaña llevada a cabo por las legiones romanas en la conquista de Britania. “Ala Hispanorum Vettonum Civium Romanorum”.
Leyenda de la lapida funeraria hallada en el hoy llamado Bath, Reino Unido.
L. VITELLIUS. MANTAI. F. TANCINUS. CIVES. HISP. CAURENSIS. EQ. ALAE. VETTONUM. C. R. ANN.XXXXVI. STIP. XXVI. H.S.E.
Lucio Vitelio Tancino, hijo de Mantao, ciudadanos hispanos de Coria, del ala de caballería de los ciudadanos romanos vetones, a los 46 años, 26 de servicio. Yace aquí.
Si es grande la fama de los vetones como excelentes jinetes, no lo es menos la de la rapidez de sus monturas, dando origen al mito de sus yeguas, al creer que son preñadas por el viento Céfiro.


Romanización, adopción de la cultura y civilización del invasor


Como núcleo más importante de la zona destaca Irueña, que según parece paso por diferentes etapas, primero como castro nativo, más tarde vetón; consiguiendo su máximo esplendor como oppidum romana, Urunia, con una población semejante a la que hoy día ocupa la parte amurallada de la ciudad de Ávila, aunque estos datos no están suficientemente constatados.
La construcción del castro fortificado, podría haberse llevado a cabo por gentes autóctonas, ante la llegada de los pueblos indoeuropeos en el primer milenio a. C. Estas gentes, como en el caso de los Lusitanos, serian no indoeuropeos y de substrato etnográfico ligur; considerando a los ligures los indígenas del neolítico de iberia, tal como escribe Luis Pericot; o la base de los pueblos prehistóricos como afirma A. Schulten.
Tanto Posidonio como Diodoro Sículo consideran a ligures e iberos de la misma raza mediterránea.
La raiz “ir(i)/la ciudad”, presente en el idioma vasco, que según Schulten es un relicto ligur, reforzaría la hipótesis de la construcción y ocupación de este castro por gentes no indoeuropeas.
El término común iri = la ciudad (variante del ibero ili), para referirse al castro, posiblemente debió ser utilizada por las gentes situadas bajo su influencia en aquella primera época.
El término, “la ciudad”, para calificar el núcleo más importante de la zona, también ha sido utilizado por los pueblos del alto Águeda, para nominar a Ciudad Rodrigo cuando aún era clara referencia comercial y administrativa de los pueblos del entorno; así mismo fue utilizado por los pueblos de San Martín de Trevejo, Villamiel y Eljas hasta 1958, a la que seguían considerando “su ciudad”, cuando aún pertenecían a este obispado.
El sufijo “ueña”, está documentado en el hidrónimo asturiano Güeña, derivado de su original el celta Onna=arroyo, río, agregado a la raíz ir(i) durante la ocupación del castro por los vetones.
La ocupación de la oppidum durante época visigoda, necesitaría de un estudio en profundidad para determinar de qué forma se vio afectada por la entrada de los pueblos germanos.
La leyenda “La cautiva de Irueña”, parece haberle dado continuidad durante la dominación árabe; aunque nada se puede afirmar sobre este tema al no existir documentación especifica al respecto.
En la Historia Civitatense de Don Antonio Sánchez Cabañas, en una donación hecha por Fernando II de León a la sede de Ciudad Rodrigo y su obispo don Domingo, aparece como nombre de la ciudad “Oronia, que ahora es dehesa de la Silla episcopal”.
Sus restos están situados en la ribera del río Águeda, antes de su paso por lo que es hoy el pueblo de Fuenteguinaldo y en su término municipal.
Las ciudades indígenas de la Lusitania, según Plinio en su Naturalis Historia, eran 36, todas ellas estipendiarías. Las condiciones en el régimen jurídico de menor privilegio de estas ciudades, eran impuestas por Roma ante la resistencia de los pueblos, en este caso lusitano y vetón, a su dominación, soportando también el pago de estipendios todos sus habitantes, así como las cargas militares y aportación de tropas auxiliares.
La población en el resto de la Lusitania, tal como la describe Estrabón para la mayor parte del territorio de Hispania, estaba poblado por aldeas ó pequeños asentamientos, exceptuando la Bética.
Esto nos puede llevar a considerar que la población al norte de la sierra, estaría compuesta por pequeños asentamientos bajo la influencia de los dos núcleos importantes de la zona, Irueña y Mirobriga (C. R.), cuya economía pastoril se extendería a todo lo largo del rio; quedando en un segundo plano y lejos de la importancia de estas, el asentamiento de la zona de Peñaparda.
En el año 27 a. C., Octavio Augusto lleva a cabo la reorganización administrativa de Hispania, dividiéndola en tres provincias: Bética, Lusitana y Tarraconensis; la Bética bajo mando directo del senado y Lusitana y Tarraconensis del propio emperador.
Hacia el 25 a. C., Octavio Augusto funda Emérita Augusta y en el 17 a. C. los pueblos de la Lusitania pasan a depender administrativamente de Ella.
Plinio NH, IV, 117, la Lusitania es dividida en tres conventos (partidos judiciales): el Emeritense (Mérida), el Pacense (Beja) y el Escalabitano (Santarem).
También según Plinio, la Lusitania contaba con 45 ciudades: 5 colonias, 1 municipio romano, tres ciudades de derecho antiguo latino y 36 ciudades estipendiarias.
Colonias: Augusta Emérita (Mérida), Metillensis (Medellin), Pacensis (Beja), Norbensis llamada Caesarina (Cáceres), son contribuyentes en ella Castra Servilia y Castra Cecilia; la quinta Scalabis llamada Presídium Iulium (Santarem).
Municipio romano: Olisipo llamada Felicitas Iulia (Lisboa).
Ciudades de derecho latino antiguo: Évora llamada Liberalitis Iulia y Myrtilis (Mértola) y también Salacia (Alcácer do Sal).
Vespasiano concede el “ius latii” a los habitantes de Lusitania (Hispania) en el 73-74 d. C.
Universae Hispaniae Vespasianus imperator Augustus iactatum (iactatus) procellis rei publicae Latium tribuit.
El emperador Vespasiano Augusto, lanzado en las turbulencias de la administración del estado, concedió el Lacio para toda Hispania.
Plinio el viejo-Naturalis Historia III, 3, 30.
El ius latii minus concedido por Vespasiano, fue un instrumento que incidió lentamente en la incorporación de la población indígena a la ciudadanía romana.
Con el mandato de la construcción del puente de Alcántara por Trajano en el año 98, la población indígena que habita al norte, sur, y oeste de la sierra y cuya ayuda tanto física como material es requerida para dicha obra, quedaría inmortalizada en los grabados de sus placas de mármol, a su finalización en el año 104.






Puente de Alcántara




MUNICIPIA PROVINCIAE. LUSITANIAE.STIPE. CONLATA, QUAE, OPUS. PONTIS.PERFECERUNT: Los Municipios de la Provincia de la Lusitania, que contribuyeron a acabar y perfeccionar este puente:
Entre estas ciudades libres de la Lusitania, que se gobernaban por sus propias leyes y magistrados, (siempre bajo la maiestas romana) estaban los Ciudadanos Lancienses, los Lancienses del lado de allá del Cuda, los Interamnienses y los Igaeditanos.
La situación exacta de los Lancienses, tanto Oppidanos como Transcudanos, hasta hoy día es un tanto supuesta, ya que las referencias escritas sobre su situación son escasas y poco concretas; teniendo además de algún dato epigráfico, la situación que de su mismo nombre se desprende. El término de los Transcudani, cuyo nombre indica relación y cercanía con referencia al Cuda, estaría situado hacia el oeste del río y en territorio de los lusitanos, siguiendo la dirección naciente-poniente para determinar su situación con relación al río; los Oppidanos que según Ptolomeo vivían entre los vetones, los sitúa el termino Augustal al norte de los Igaeditanos (Idanha-a-Velha), pudiendo haber estado asentados en una franja de terreno entre estos y el sur de los Interamnienses (Salvaleón), continuando sus asentamientos al este, bordeando el territorio de estos hasta el norte de la Sierra de Gata.
Estas informaciones, lo que sí parecen indicarnos, es la ubicación de estos pueblos en una relativa cercanía a la Sierra de las Mezas, donde está el nacimiento del Côa y punto de unión hoy día de las provincias de Salamanca, Cáceres y Guarda, uniéndose a esta por el sur y a poca distancia de las Mezas, Castelo Branco.








Nacimiento del Côa





La relación jurídica con estas ciudades libres, era fijada por Roma unilateralmente, siendo su potestad modificarla, estando sometidas al pago de tributos y como en el caso del puente aportando también su ayuda física, no teniendo la misma consideración que las federadas en su amparo. La exención del pago de tributos convierte a estas, en civitates liberae et immunes.
En los pequeños núcleos al sur de la sierra, cobran importancia Catóbriga, Celliarium, Ergastulum, y las villas romanas situadas en las fincas de Villalba y Nava del Rey en el término de Villamiel; esta zona posiblemente con una densidad de población más importante que el norte de la sierra en los pequeños asentamientos.
La romanización tanto en el norte como en el sur de la sierra, debió ser muy lenta ó inexistente fuera de las civitates.
En la parte norte de la sierra, debido a las condiciones poco actas para la agricultura, tanto por sus suelos ácidos como por las condiciones climáticas, la dedicación de los habitantes seria principalmente ganadera; sin embargo al sur de la sierra, las villas, se convierten en activos centros agrícolas, generalizando el cultivo de la viña y el olivo, así como el de los cereales.
Adriano ampliaría el acceso a la latinidad, “ius latii maior”, no solamente a los magistrados y sus familias, sino también a la curia y asamblea municipal, incluidos todos sus familiares.
En el año 212 d. C., el emperador Caracalla concede la ciudadanía romana a todos los habitantes del imperio que no fuesen esclavos (dediticii=sometidos).
La “deditio”, rendición ó capitulación formal de los habitantes de estas “civitates deditciae”, trae consigo, en algunos casos, su devastación, pasando a convertirse estos terrenos en “ager publicus”.
A medida que los romanos penetran en la Península, se hace necesario el dominio y control del territorio por la necesidad de moverse con rapidez, tanto para comerciantes, como para el trasporte de mercancías y por supuesto el movimiento rápido de las legiones. Esta necesidad se convierte en la urgente construcción de vías rápidas para una pronta vertebración de todo el territorio. Estas vías comienzan a construirse durante la época republicana, siguiendo caminos naturales y vías cartaginesas; teniendo un mayor incremento durante la época imperial y alto imperial.
Las principales vías que cruzaban la provincia de la Lusitania son: Vía Quinéa (Vía de la plata) que unía Emérita Augusta, Salmantica, Ocelo Duri (Zamóra) y Asturicam (Astorga) “iter ab Emérita Asturicam”.
Vía Colimbriana que comunicaba Salmantica - Miróbriga -Conimbriga.
Vía Dalmacia que unía a la vía principal Quinéa (Via de la Plata), desde Zamora, la población de Miróbriga (C. R.), para dirigirse desde esta hacia el sur, pasando posiblemente por Urunia y avanzando en su recorrido por el puente romano del Villar hacia la que hoy día es la población del Payo, para bordear la ladera de Jálama y seguir hasta Caurium (Coria). Posible ramificación de la calzada en Payo hacia el puerto de San Martín de Trevejo, esta, conservada en buen estado desde la carretera de Santa Clara hasta la entrada del pueblo; posiblemente, esta calzada, continuaría por el termino de Villamiel, Trevejo y lo que es hoy Cilleros, ramificándose en este punto hacia Egaeditania y Caurium y por otra parte enlazando desde San Martín de Trevejo con Ergastulum y las explotaciones mineras situadas en el termino de Valverde y la frontera portuguesa.





Puente del Villar



De las labores mineras que los romanos llevaron a cabo en esta zona, las más evidentes, sin duda, son las de Valverde del Fresno, Los Vieiros, a cielo abierto, con zanjas de unos 8 ó 10 metros de anchas y unos 8 metros de profundidad, siguiendo los filones estanníferos (filones con componentes auríferos) hasta dentro de la que hoy es frontera portuguesa; pudiendo haber existido otras en las laderas de Jálama, o en el término del actual Navasfrías, más difíciles de identificar por el paso del tiempo y las explotaciones mineras llevadas a cabo desde comienzos del siglo XX en toda esta zona; aunque la raíz “rúbeo” del actual Rubiós, antiguamente Rubeolos, denote la posibilidad de haber sido conocido ya por los romanos por el oro nativo que arrastran sus aguas, circunstancia que tampoco pasaría desapercibida para ellos en los demás ríos de la zona y el bardal, que continuaba siendo una llanura aluvial producida por los desbordamientos del río Roladrón.
También existen indicios de labores mineras romanas en el río Eljas y en Perales del Puerto.
Después que las dinastías Flavia y Antonina propiciasen la incorporación de los habitantes de las ciudades de Hispania a la ciudadanía romana y a la tribu Quirina, culminando este proceso la Constitutio Antoniniana ó Edicto de Caracalla; hacen posible hoy día, que debido a los descubrimientos epigráficos, se pueda afirmar que la mayor parte de las 36 ciudades estipendiarias que Plinio dice había en la Lusitania, habían pasado al final de imperio a ser municipios latinos, entre ellos, los cercanos a la Sierra de Gata y Sierra de las Mezas: Urunia, Caurium, Igaeditania, Interamnia, Lancia Oppidana y Lancia Transcudana.
Una de las principales aportaciones romanas, fue el derecho, que el gran jurista Ulpiano resumió en tres máximas: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere - vivir honestamente, no causar daño a otro y dar lo suyo a cada uno.



Invasiones de los pueblos germanos



El Chronicón del obispo Idacio, hace referencia a las invasiones de los pueblos germanos, describiendo el horror que se extendió por toda Hispania ante la crueldad de los invasores.
“Los alanos, los vándalos y los suevos entraron en Hispania en la era 447 (año 409). Los bárbaros que habían entrado en Hispania robaron y mataron como enemigos. Desenfrenados los barbaros por Hispania y recrudeciéndose por todas partes la peste, el tirano recaudador de impuestos robaba las riquezas y las provisiones guardadas en las ciudades, y los soldados las agotaban; la cruel hambre se extendió, hasta el extremo de que, forzados por el hambre, los hombres devoraron carne humana; […] Los hispanos que sobrevivieron a las plagas en las ciudades y fortalezas se sometieron como esclavos a los bárbaros que dominaban la provincia”.
En un principio, los alanos se establecieron en parte de la Lusitania, los vándalos asdingos hacia el sur y los suevos en el norte
Posteriormente penetraron los visigodos como aliados del imperio, con la necesidad de poner fin a la anarquía de estos invasores que habían arruinado la estructura administrativa romana.
En el año 468 d. C., los visigodos ocupan Mérida, extendiéndose por el oeste en toda la zona lusitana.
Durante la entrada de los pueblos germanos, con la destrucción de las ciudades y el saqueo de las zonas rurales y debido también a las dificultades planteadas por la presencia de los invasores, las plagas y el hambre, se origina en muchos territorios la dispersión de la población hispana en pequeños grupos, que sobreviven dedicándose a la ganadería y pequeños cultivos, llevándose a cabo los enterramientos en estas zonas, posiblemente ya, en sepulcros esculpidos en la roca, cerrándolos con grandes losas ante la presencia de fieras, que según el Cronicón de Idacio, “se habían acostumbrado a los cadáveres de los muertos por la espada, por el hambre o por la peste”.
Estas tumbas, debido a su escaso número, podrían haber sido utilizadas para enterramientos temporales, depositando los restos después de un cierto período, en osarios, en la misma zona.
En el área de Navasfrías existen algunos testimonios de estos sepulcros, unos con formas antropomorfas y otras no antropomorfas, diseminados por diferentes puntos, los más importantes, en el cerro de Cabeza Porquera (Vega de la Orden).
Cabe hacer constar que los agricultores que cultivaban estas tierras hace muchos años, hablaban de residuos de viviendas existentes en la ladera, los cuales iban apareciendo al arar los campos.
La dispersión de estas tumbas por diferentes puntos del término de Navasfrías, confirman la ocupación de la zona por pequeños núcleos de población estable, cuyos habitantes vivirían principalmente de la ganadería, cerca de las majadas; algunos de estos núcleos posiblemente ocupado por varias familias, como puede ser el caso de Cabeza Porquera y del Rotoro, entre otros.
Así mismo existe un grupo de tumbas en la cercana dehesa de la Genestosa, en el sitio donde se reúne el ganado, llamado el majadal.
En el concejo de Sabugal existen estas tumbas en pueblos vecinos de la frontera como Aldeia do Bispo y la Geosa da Raia; así como en las riberas del Côa.
La cercanía de estos pequeños núcleos, hacen posibles las relaciones entre miembros de los diferentes grupos, así como zonas comunes de pastoreo e intercambios de productos del campo y de ganados; como ha venido sucediendo entre pueblos contiguos.








Tumbas de Cabeza Porquera




Otros testimonios en la zona de la sierra, aunque estos en la provincia de Cáceres y posiblemente posteriores, son varias tumbas antropomorfas en el pueblo de Trevejo, junto a la iglesia y cercanas al castillo; así como vestigios visigodos, en Villamiel, “ Clodoveas de Recaredo “, tres flores de lis enmarcadas por círculos tangentes y también un grabado de San Sebastián.
Estos pueblos aunque están situados al sur de la sierra de Jálama, son cercanos al área de Navasfrías.


Obispado de Caliabria

Después de la incorporación de los suevos al reino de los godos, en el año 585, y de la creación de la sede Caliabriense a comienzos del siglo VII, se llevó a cabo en el año 653, la división diocesana de la Iglesia Hispánica, quedando como metrópoli de la provincia Lusitana: Emérita Augusta y sufragáneas de esta: Pax Julia (Beja), Olissipo (Lisboa), Ossonoba (Faro), Egitania (Idanha), Coímbra, Viseu, Lamego, Caliabria, Salamanca, Évora, Ávila y Coria.
De la sede episcopal visigoda de Caliabria, se tienen noticias con Servus Dei como asistente a los concilios IV, VI y VII de Toledo, años 633-638-646, firmando por antigüedad en los números 30, 23, y 18 como Obispo Caliabriense. Celedonio al VIII, año 653, con el número de orden 44. Aloario (Alvario) concilio de Mérida, año 666, firmando en último de los doce asistentes. Ervigio, concilios XV y XVI de Toledo, años 688 y 693, con los números 13 y 3.
Algunos historiadores defienden la existencia de un obispo más en Caliabria, posterior a Ervigio, ya que el último obispo de Caliabria fue muerto por los musulmanes junto con varios obispos más el año 717.
La existencia de al menos un obispo más después de Ervigio, es lógica, ya que en el concilio XVI de Toledo, Ervigio era el tercero por antigüedad de los asistentes y por tanto una persona de cierta edad para ocupar la sede 24 años más.
La silla episcopal de Caliabria, aunque de dudosa ubicación, parece ser, estaba ubicada en Castelo Calabre, (Almendra, Port.).
La historia civitatense de Don Antonio Sánchez Cabañas, se refiere al obispado de Ciudad Rodrigo cómo continuidad de la sede Caliabriense, aportando datos sobre su asentamiento dentro de la Lusitania y su donación a Don Domingo, nominado obispo de Caliabria y Ciudad Rodrigo; esta donación se hace extensiva a todos sus sucesores.
“Pues como estas gentes viniesen cuando los romanos eran señores de España, alcanzaron de ellos sitio para poder edificar dentro de la Lusitania, y entre los dos ríos Coa, llamado antiguamente Cuda y Águeda, que primeramente se llamó Gada, dieron principio á una ciudad, á la cual, por ser ellos calabreses, llamaron Calabria. La cual ciudad, como queda dicho, caía en la partición de Visseo y apartada desta ciudad de Ciudad Rodrigo más poco de ocho leguas. La cual ciudad está el día de hoy destruida, y sus ruinas se aparecen á una legua de la Fregeneda, villa bien conocida en el Abadengo, Obispado de Ciudad Rodrigo.
A este sitio llaman los naturales de aquella tierra la “Cabeza de Calabre”, por haber estado edificado sobre un monte, entre los dos ríos, como se ha referido.
En esta ciudad de Calabria puso el rey Recaredo, Obispo, el cual se intituló calabríense; y en el Concilio IV de Toledo, que se celebró en la iglesia de Santa Leocadia, año 634, en el tercer año del reinado de Sisenando, se halló el Prelado que regía esta iglesia, como consta de su firma, que dice: Siervo de Dios, Obispo Calabríense”.
La apertura del Concilio IV de Toledo se inicia el día 05 de Diciembre del año 633.
La concesión de la ciudad de Calabria al obispado de Ciudad Rodrigo, se lleva a cabo en Enero de 1171 por Fernando II, Rey de León.
“Addo etiam, vobis illam cívitatem calabriam, que iacet inter Cudam et Aguedam cum ómnibus directis et pertinenciis suis,”

lunes, 31 de enero de 2011

Del Calcolítico a la Edad del bronce

Nuevos poblamientos y buscadores de metales.

En el segundo tercio del tercer milenio a.C., coincidiendo con el final del neolítico, la inquietud que ha caracterizado siempre al hombre en la búsqueda de cosas nuevas, da como resultado el comienzo de los primeros pasos en la Península de técnicas para la manipulación de un mineral ya utilizado en otras partes del planeta, al menos un par de milenios antes, como lo demuestran el hallazgo de crisoles en diferentes zonas para producir cobre por fusión a partir de cobre nativo, sulfatos y carbonatos. Estos hechos marcarían una nueva era y serian de gran importancia para los habitantes de la península y al mismo tiempo para el resto de pueblos que posteriormente la ocuparon.

Esto, sucede casi al mismo tiempo en dos núcleos de población, distantes entre sí, uno en la costa mediterránea y el otro en el suroeste, en los cuales los artesanos transforman este mineral en un metal, con el cual fabrican armas, adornos, utensilios y herramientas, dando así nacimiento a las culturas de los Millares y de Vila Nova, donde por primera vez aparece la utilización del cobre en la Península; hecho que se propaga durante este tercer milenio, originando la búsqueda de este mineral por los nativos para su comercialización.

Durante este tercer milenio, los Cretenses y los Carios de Asia Menor ya cruzaban el Mediterráneo, comerciando con los nativos la adquisición de los minerales.

Durante el neolítico o a finales de este, sin que se tenga certeza en la fecha exacta, comienza a conformarse un nuevo mapa de habitantes, que sería de gran importancia para el posterior desarrollo y mezcla de los pueblos que en adelante ocuparían la Península.

En esta época, da comienzo la ocupación de toda la costa mediterránea por nuevos pobladores, de posible procedencia africana, organizados en tribus, provenientes del Ródano y del sur de Francia, donde se habían establecido anteriormente llegados a través del estrecho de Messina; también cabe la posibilidad que algunas de estas tribus accediesen a la península por el sur, a través del estrecho; aunque existen serias dudas sobre esta posibilidad.

Estas tribus, que posteriormente se mezclarían con otros pueblos llegados a la Península y que finalmente ocuparon gran parte de Ella, recibieron el nombre de iberos; razón por la cual Esta seria conocida como Iberia.

Los navegantes griegos que cruzaban el Mediterráneo, fueron los primeros en emplear el nombre de Iberia, igual que anteriormente con la denominación ¨Ligures¨.

La ocupación de la costa mediterránea por estas tribus, las expondrían a las culturas más avanzadas de las zonas orientales. Estas influencias culturales de fenicios y griegos, juntamente con el patrimonio cultural indígena configuraron la civilización ibérica, que perduro hasta la invasión de Roma, desapareciendo con la adopción de la cultura del invasor.

La denominación Iberia, aparece por primera vez en el siglo VI a. C., en el Periplo de Masalia, según el poema latino ¨Ora marítima¨ de Festus Avienus.

Después del asentamiento de las tribus iberas en la península, los artesanos avanzan en sus conocimientos logrando mezclar el cobre con el estaño, lo cual, produce un nuevo logro en la manipulación de los metales; ya que esta mezcla daría lugar a la fabricación del bronce, un metal de mayor dureza que el cobre y por tanto con mejores condiciones para la fabricación de herramientas, utensilios y armas sobre todo; uso prioritario, debido al carácter guerrero de las tribus y pueblos que cada día empiezan a tener más presencia en las diferentes zonas de la Península.

Estos avances, que anteriormente como con el cobre se habían producido en otras partes del planeta, tienen una de sus principales fuentes dentro de la Península en los hechos que se desarrollan en el levante, conocidos como la cultura del Argar.

Como consecuencia de todo esto, se generaliza la búsqueda también de la casiterita (Kassiteros = Estaño) y su comercialización por los nativos.

La denominación edad de cobre, o edad de bronce, solo tiene un valor cronológico local; pues su desarrollo se sitúa en distintas épocas en diferentes partes del planeta.

Época orientalizante.

Rutas por las zonas mineras

Hacia el último cuarto del segundo milenio a. C., en el bronce medio, entran por el sur de la península los tirsenos, procedentes de Asia Menor, ocupando primeramente la parte sur occidental, actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz; cuya capital Tartessos, año 1200 a. C., se supone estaba ubicaba en la desembocadura del río de su mismo nombre, Tartessos, Betis, hoy Guadalquivir.

Tartessos, fue destruida por los cartagineses hacia el año 500 a C.

La búsqueda llevada a cabo por A. Schulten en esta zona, siguiendo las indicaciones un tanto confusas de Festus Avienus ¨Ora Marítima¨ y Estrabón, no tuvieron resultados positivos, esto, ha abierto las puertas a otras muchas teorías sobre la situación de Tartessos.

A la llegada de los tirsenos, la etnia principal de esta zona según Schulten eran Ligures.

Los tartesios, dedicados de una forma prioritaria a la obtención de minerales, llevaron la explotación de las minas de Ríotinto, Linares y Almería a un primer florecimiento.

Durante este periodo y con el desarrollo del bronce atlántico, se abren rutas en toda la costa, penetrando las influencias orientalizantes a lo largo de todo el litoral y alcanzando también algunas zonas del interior.

Los datos arqueológicos que han ido apareciendo en poblados situados en la costa, como Castro Marín, Alcacer do Sal, Setúbal, Amadora, Lisboa, Santarém, Santa Olaia y otras, demuestran la penetración del comercio Tartesico a lo largo de toda la costa atlántica.

Este comercio, lo llevarían también a cabo, más tarde, los fenicios y griegos focenses.

Estelas Decoradas.

Las estelas del suroeste o estelas extremeñas, extendidas hasta la parte norte de la sierra de Gata, denotan la presencia de contactos de los pueblos de las zonas orientales del Mediterráneo con las gentes de estos territorios.

Estos contactos, producirían un cambio cultural en el substrato etnográfico, producto de la cultura Tartesica; quizá más acentuada en la costa atlántica, debida también a la influencia fenicia. Este cambio cultural, afecto también de alguna manera, el substrato etnográfico de toda la parte de lo que muchos años más tarde sería conocido como pueblo lusitano.

En Extremadura, la cantidad de estelas, marcan un control territorial que con toda probabilidad determino la explotación minera de estas tierras, debido a la existencia de oro, plata, cobre o estaño en gran parte de la zona extremeña donde han sido localizadas estas estelas. La alta Extremadura es principalmente rica en estaño, encontrándose en esta zona algunos yacimientos y ríos en los cuales el oro nativo es otro de los metales existentes.

Las estelas que se han conservado hasta nuestros días en plena Sierra de Gata, fueron localizadas en Hernán Pérez, San Martín de Trebejo y otra, a escasos metros de los limites de Descargamaria y dentro del término de Robleda; aunque la más cercana al núcleo navasfrieño estaba situada a tan solo cinco Km, en Fóios (Sierra de las Mesas) y dos más, en los términos de Meimao y Baraçal. Esta ultima estela, esculpida en relieve, presenta un escudo de tres anillos concéntricos, los dos exteriores escotados en U abierta, espada pistiliforme y lanza con punta larga y estrecha, pasando por ser la más antigua, siendo posible su datación entorno a los siglos XI-X a. C. La de Foios, lindante con el termino de Navasfrías y cuyo escudo es de cuatro anillos, los dos interiores escotados en V, espada de lengua de carpa y lanza incompleta por rotura de la estela en la punta de la lanza, está grabada con surco profundo como el resto de estelas, siendo considerada su construcción entre los siglos X-IX a C.

Los pueblos de Baraçal y Foios, pertenecen al lindante concejo de Sabugal, (Guarda) y Meimao, al cercano de Penamacor, (Castelo Branco).

En la zona centro-norte de Portugal, entre el Duero y el Tajo, existen varios yacimientos de casiterita; encontrándose en algunas zonas de las estribaciones de la Sierra de la Estrella, piritas cupríferas.

Posidonio, historiador y geógrafo, que escribió también sobre la Península, dice: “El estaño no está en la superficie, como han escrito otros historiadores, sino que se extrae de la tierra, nace junto a los barbaros que viven sobre Lusitania y las Islas Casitérides”.

En la frontera y cercanos a las estelas de Foios (Localización estela 6º 53´ 30´´W 40º 17´ 30´´ N) y San Martin de Trevejo (Localización estela 6º 48´ 00´´ W 40º 11´ 40´´ N), existen yacimientos de casiterita con componentes auríferos en los pueblos de Valverde del Fresno (6º 52´ 40´´ W 40º 13´ 30´´ N) y Navasfrías (6º 49´ 08´´ W 40º 17´ 55´´ N). En este último, estos componentes auríferos, en algunos casos están localizados en filones de cuarzo mineralizados con wolframita y casiterita.

A pesar de que no existen hallazgos de metalurgia en bronce, como en algunos pueblos de la zona, entre ellos, Fuenteguinaldo, Peñaparda y San Martin de Trevejo, ni restos de castros o edificaciones antiguas, a excepción de las ruinas de los Salgueros, en plena zona minera, de las cuales no existe memoria ni referencias sobre su antigüedad; pero que dada la abundancia de casiterita en esta zona y debido a la cercanía de las estelas y la antigüedad de estas, bien podrían remontarse a las primeras búsquedas de minerales en el término navasfrieño, que con toda probabilidad habría ocurrido durante el bronce final, en la época más activa del bronce atlántico.

El entendimiento de los pueblos de la Península con los tartesios, tiene como centro de comercio de los metales a Tartessos, paso obligado en la ruta occidental del estaño y centro de una floreciente cultura; cuya hegemonía, por poder y riquezas, fue mantenida durante muchos años por su rey Arganthonios; el cual según las leyendas vivió 120 años, reinando durante 80 años ininterrumpidamente.

Este entendimiento con los tartesios en el comercio de los metales, posibilita que también los habitantes de estas zonas, seguramente dedicados al pastoreo de una forma casi nómada, pudieran trabajar de beneficio alguno de los placeres de los ríos Águeda, Roladrón, Rubiós o del regato de Los Salgueros afluente de este último, los dos en plena zona minera, como posiblemente también el regato del Pizarro, llevando a cabo el lavado de alguna parte de los niveles inferiores de sus terrazas; aunque estos trabajos serian posiblemente más intensos en la época celta y durante la dominación de Roma.

Topónimo ¨naba/nava¨.

El topónimo ¨naba¨, debió ser utilizado por primera vez por los ocupantes fundadores del castro de Irueña para designar la zona de Navasfrías. Esta zona de praderas o valles cercanos a la montaña, con toda probabilidad sirvió como territorio de pastoreo, con ocupaciones periódicas al menos durante la temporada de pastos, dadas las dimensiones del castro y la cantidad de rebaños necesarios para la subsistencia de sus ocupantes; ya que su economía, combinada con la agricultura, era prioritariamente ganadera. La utilización de estas praderas o valles, anterior a los vetones, habría podido ocurrir durante las últimas fases del bronce final.

Las ruinas de este castro están situadas en un promontorio, en el ángulo formado por el arroyo del Rolloso en su confluencia con el río Águeda, cuyo cauce debido a la actividad del castro, serviría de nexo de unión entre Irueña y el término del actual Navasfrías, situado a unos 10-15 Km. aguas arriba y que posiblemente siguió siendo el enlace de estas zonas durante toda la vida activa de este poblado, especialmente en época vetona cuya economía, dependía casi exclusivamente de la ganadería; extendiéndose sus dominios hasta la Riba Côa.

En estas economías dependientes especialmente del agua, el río tuvo un papel muy importante no solamente para la abundancia de sus cosechas y pastos, sino que posiblemente sirvió de referencia en el camino hacia las zonas mineras, situadas en las cabeceras de los ríos no solamente de este, sino también de sus afluentes.

De la posible existencia de alguna ruta directa entre Irueña y la zona navasfríeña, tenemos la referencia de un itinerario usado hasta no hace muchos años, en el cual, las mercancías y ganados, eran transportados en carros, caballerías y a pie por el llamado ¨Camino Blanco¨; un trayecto interior, que desde Navasfrías, cruzaba la Genestosa a través de las zonas de pastos de las dehesas situadas a la derecha de la carretera que actualmente une Navasfrías y Casillas de Flores, pasando en este término por los Mazos; para llegar a Fuenteguinaldo vadeando el arroyo del Rolloso cerca de la zona del castro.

La falta de testimonios sobre el origen del castro de Irueña, debido a no haberse llevado a cabo excavaciones serias en la zona, hace que no sea posible una fecha de datación exacta sobre su antigüedad y primeros ocupantes, suponiendo su ocupación por alguna tribu ibérica a comienzos del primer milenio a. C; posiblemente durante el primer tercio de este milenio.

La posibilidad de que el aquitano (lengua vasca arcaica) estuviese emparentado con las demás lenguas habladas antes de la entrada de los pueblos celtas, habría establecido un substrato lingüístico preindoeuropeo, con un tronco común en toda la Península.

La pervivencia de elementos preindoeuropeos en la toponimia indoeuropea, más fuerte en el centro y el oeste peninsulares, hace de la voz ¨naba¨ un término común; incorporando su homófona ¨nava¨, como préstamo, el indoeuropeo preceltico con el mismo significado.

Los préstamos de las diferentes lenguas de los pueblos que han ocupado la Península, han ido conformando, a través de los tiempos, un estrato lingüístico que ha sido parte en la formación del castellano.

Estrabón en el libro IV. 2. 1, afirma que iberos y aquitanos son similares y hablan lenguas parecidas. “Los Aquitanos son completamente diferentes de belgas y celtas, no solo en su idioma, sino también en su aspecto físico, que se asemeja más al de los iberos que al de los Galos”.

Llanura aluvial.

La existencia de estaño y oro de aluvión, tampoco paso desapercibida para nativos y comerciantes en la zona de El Bardal, cuya búsqueda quedo de manifiesto en los montones de sedimentos, murias, junto a las lagunas de donde se extrajeron los materiales para su lavado; hoy día ya desaparecidos por el allanamiento de estos terrenos, que fueron convertidos en pradera para el ganado y posteriormente en un parque de recreo; aunque estas búsquedas también se llevarían a cabo durante la época vetona y finalmente, en esta primera y larga etapa, en tiempos de la dominación de Roma.

La segunda etapa de búsqueda de minerales, coligada a la búsqueda de volframita, daría comienzo en los primeros años del siglo XX en las zonas adyacentes al primer tramo del rio Rubiós, con explotaciones mineras subterráneas y excavaciones a cielo abierto.



EL BARDAL (Zona de las lagunas en fase de transformación en parque de recreo)

Los yacimientos aluviales, se originan en la zona del bardal, en aquella época, por los desbordamientos periódicos del río Roladrón, que al ensancharse en una zona tan amplia, va sedimentando en capas superpuestas todo lo que arrastra desde su cabecera, originando placeres por la erosión y el transporte de los materiales de los yacimientos primarios.

También las pequeñas represas construidas con vigas de madera, halladas en el río Águeda a partir de su actual confluencia con Roladrón, dieron lugar a placeres en el seno del río, buscando de esta forma el estancamiento de los minerales en dichos placeres, para poder extraerlos con más facilidad.

Densidad de los minerales de aluvión GM cm3: oro 17, volframita 7.3, casiterita 7, pirita 5.

Estos filones secundarios, suelen acumular cantidades bastante importantes de oro y estaño en todos los ríos de la zona; debido a que su mineralización se produce en las vetas de los pizarrales por donde transcurre su cauce, haciendo el agua la labor de extracción durante todo el curso del río y facilitando así en gran manera el trabajo del hombre en la obtención de los minerales.

De la existencia de los minerales, tenemos referencias generalizadas desde la antigüedad y más recientes y concretas, en las memorias políticas y económicas de E. Larruga.

Estrabón III, 3, 5. “La región situada entre el Tajo y el país de los ártabros (costa norte gallega), habitan unas 30 tribus. Esta región es naturalmente rica en frutos del campo y en ganados, en oro y plata y muchos otros metales”.

CONFLUENCIA DE LOS RIOS ÁGUEDA Y ROLADRON (al fondo la sierra de Las Mezas)

Mineral de Oro. (Memorias políticas y económicas. MDCCXCV. E Larruga. T. XXXIV pp. 298, 299)

“Según la común opinión, los montes de las inmediaciones de Ciudad Rodrigo que divide la Extremadura, están llenos de minerales de varias especies. El oro puro se coge en los arroyos que se desprenden de ellos por una y otra banda”.

Actualmente en estas zonas se siguen produciendo hallazgos de oro y casiterita por los aficionados al bateo, principalmente en el río Águeda, que es el más frecuentado por los bateadores.

La forma de extracción de minerales mediante la práctica del bateo y lavado de arenas y grabas, empleando diferentes técnicas, es tan antigua como el principio de la búsqueda de minerales por el hombre; describiendo ya Estrabón en su geografía de la Península III-2, 8, la forma de proceder para la localización y obtención en este caso del oro.

“El oro no se extrae únicamente de las minas, sino también por lavado. Los ríos y torrentes arrastran arenas auríferas. Otros muchos lugares desprovistos de agua las contienen también; el oro, sin embargo, no se advierte en ellos, pero sí en los lugares regados, donde el placer de oro se ve relucir; cuando el lugar es seco, basta irrigarlo para que el placer reluzca; abriendo pozos, o por otros medios, se lava la arena y se obtiene el oro; actualmente son más numerosos los lavaderos de oro que las minas”.

Es tal la importancia que adquiere el comercio de los metales, esencialmente el del estaño durante el bronce Atlántico, que no solamente se llevo a cabo su búsqueda en todo el oeste de la península, incluida Galicia, sino que se crearon rutas hacia Bretaña y Cornualles.

Una de las zonas de gran importancia en la ruta atlántica, en aquella época, fueron las Casitérides, por la abundancia de minerales y que son nombradas por Estrabón III 5.11, en su descripción de la Península; pero que no son ubicadas por Este de una forma clara, sino que se limita a situar las diez islas al norte del puerto de los Ártabros; citando a los fenicios de Gádir como los primeros en comerciar con los habitantes de las islas, obteniendo el estaño, el plomo y las pieles de animales, a cambio de sus cerámicas, sal y utensilios de bronce.

“Las islas Kassiterides (Kassiteros= Estaño) son en número de diez, todas ellas muy cercanas entre sí y situadas hacia el norte del Puerto de los Ártabros, en plena mar. Una de ellas está despoblada; las demás están habitadas por hombres que visten mantos negros y llevan sobrepuestas túnicas talares sujetas alrededor del pecho, y caminan con báculos, asemejándose por ello a las Poinaí (démones) de la tragedia. Viven, habitualmente, del producto de sus ganados, al modo de los pueblos nómadas. Tienen metales de estaño y plomo, y los cambian, así como las pieles de sus bestias, por cerámica, sal y utensilios de bronce que les llevan los mercaderes. En un principio este comercio era explotado únicamente por los fenicios desde Gádir, quienes ocultaban a los demás las rutas que conducían a estas islas”.

No obstante, pese a la afirmación de Estrabón, estas rutas ya habían sido transitadas por los tartesios con anterioridad a los fenicios.

La fama de las riquezas de la península llega a tal punto entre los pueblos del Mediterráneo, que estas llegan a ser objeto de narración en las leyendas de la mitología griega, en uno de los doce trabajos que le impuso a Heracles, por designio de Hera, Euristeo, rey de Mecenas.

¨Gerioneida de Estesicoro, siglo VI a. C¨.

Así, el héroe Heracles robará la barca (copa de oro) del Sol y navegara con ella hasta el río océano, que bordea la tierra en los confines del poniente. Cercano a este, estaba Tartessos, el río de raíces de plata, donde Heracles lucho cuerpo a cuerpo con Gerión, al que arrebato los rebaños de bueyes rojos para llevarlos a Grecia”.