miércoles, 18 de mayo de 2011

Entrada de los Pueblos Indoeuropeos

Cultura de los Campos de Urnas. Edad del Hierro






A finales del segundo milenio a. C., pueblos indoeuropeos provenientes de la cultura de los campos de urnas, comienzan los contactos con las zonas mediterráneas próximas al sur de los Pirineos, así como de las comarcas del valle del Ebro, iniciando los primeros asentamientos en la península.
Seguidamente, en los comienzos del primer milenio a. C., gentes que anteriormente se supone establecidas en la península Itálica, en posibles contactos con los pueblos vénetos, pasan a iberia ocupando zonas del interior. Estas gentes, que en un principio fueron consideradas por Pokorny como ilirias, hoy día son definidas como un pueblo de cultura indoeuropea cuya lengua contiene rasgos arcaizantes, denominada antiguo europeo, pero dejando en el aire la pertenencia iliria.
Según Menéndez Pidal, estas gentes, afines o mezcladas con ilirios, eran conocidos como ambrones, los cuales ocuparon grandes zonas en el norte, centro y oeste de la península; aunque según el estudio de la hidronimia y toponimia, estas zonas, se extenderían también hacia el sur.
En el inicio del siglo VII a. C., Cempsios y Saefes, de la cultura de Hallstatt, penetran así mismo en la Península instalándose en la costa atlántica.
Hasta comienzos del siglo VI a. C., continúa la entrada en la península de los pueblos celtas provenientes de los campos de urnas, posicionándose en la meseta e introduciendo el trabajo del hierro.
Los celtas, se organizaban en tribus dirigidas por caudillos, estando integrada la población por pequeños grupos rurales de campesinos, los cuales se asentaban en zonas altas, fortificándolas con empalizadas.
En la vida domestica, para cocinar, las mujeres utilizaban una caldera de hierro, colgada sobre el fuego de una cadena; procedimiento similar al de las llares.
El sentido de lo sagrado de los celtas, está en clara conexión con las fuerzas de la naturaleza: manantiales, ríos, rocas, montes y arboles.
Es por esto que, a la llegada de los celtas (vetones), los que se instalan en las inmediaciones del hoy llamado monte de Jálama, convierten el orónimo Salama, en cuyas laderas están las fuentes que alimentan algunos ríos de la zona, en el teónimo Salamati, divinidad a la que atribuyen la provisión de agua para que sus terrenos sean fértiles, tanto para cultivos, como especialmente para pastos y ganados.
La mezcla de los celtas con el resto de pueblos del oeste, no fue tan importante como en el centro peninsular, aunque hizo posible el crecimiento de nuevos núcleos de población; ocupando otros importantes como Irueña, castro situado en la parte oeste de su territorio, habitado en un principio, posiblemente, por gentes no indoeuropeas.
Los vetones, de procedencia directamente celta, llevaron a cabo su asentamiento sobre núcleos de población indígena, en una parte de la zona que muchos años más tarde seria conocida como la Lusitania, ocupando una franja de terreno entre el río Duero y el Tajo, partiendo desde la Riba Côa hasta la actual Ávila.
Según la descripción de Estrabón. (III, 3,1) “El Tajo nace entre los celtiberos y cruza por entre los carpetanos, los vetones y los lusitanos corriendo hacia el occidente equinoccial”.
Aunque los celtas eran eficientes agricultores, los vetones son considerados un pueblo preferentemente ganadero.
Su estructura militar es celta, con adiestramiento en la lucha con la caballería, hostigando y saqueando los pueblos vecinos.
Los principales testimonios dejados en la zona, son los verracos esculpidos en roca granítica hallados en pueblos próximos, habiendo sido destruidos en algunos casos. Estos verracos, posiblemente, son hitos que marcan límites de territorio; así como zonas de pastos pertenecientes a diferentes tribus de este pueblo.
La economía pastoril del pueblo vetón y los datos aportados por Estrabón en su geografía sobre la zona al norte del Tajo, nos dan datos para poder considerar, que los ocupantes del castro de Irueña, serian asiduos visitantes de la cabecera de los ríos Águeda y sus afluentes, tanto por sus praderas (NAVAS), ya próximas a la sierra de las Mezas, donde nace el Côa y finaliza el territorio vetón, como por el estaño y oro nativo de sus ríos; además de la abundancia de pesca y caza.
Estrabón III, 3, 5 “La región situada entre el Tajo y el país de los ártabros (costa norte gallega), habitan unas 30 tribus. Esta región es naturalmente rica en frutos del campo y en ganados, en oro y plata y otros muchos metales; sin embargo, la mayoría de sus habitantes prefieren el oro al cultivo de la tierra y viven en continuas guerras entre sí y con sus vecinos del otro lado del Tajo”.
Entre los diferentes pueblos que fueron conformando Iberia, ocupan un lugar importante en aquella época, los lusitanos, pueblo encuadrado en la parte central del oeste peninsular, cuya provincia, la Lusitania, comienza a funcionar como tal, a partir del reparto de las provincias entre Augusto y el senado, desdoblando la Ulterior en dos provincias, la Betica y la Lusitania; estando compuesta esta, por antiguos pobladores de la -Riba Côa y de la Sierra de Gata-, así como la Beira Interior, la Beira Baja, la provincia de Salamanca, Cáceres y parte de las provincias de Ávila y Badajoz (denominaciones actuales). Parte de este territorio había sido ocupado por los vetones desde su entrada en la península; siendo lusitanos y vetones los principales pueblos que ocuparon esta provincia.
La dedicación de los lusitanos estaría ligada a la agricultura y a la ganadería.
La lengua lusitana, según parece, sería la herencia de los pueblos no célticos, de habla indoeuropea arcaica o antiguo europeo, a los pueblos autóctonos de la Lusitania.
La afirmación de Hesiodo al considerar a los ligures el pueblo más antiguo de la Europa Occidental, así como, de A. Schulten afirmando que a la entrada de los tirsenos la etnia principal de la zona donde se asentaron eran ligures, hace que sea muy probable, que el substrato etnográfico de la Lusitania a la entrada de los pueblos indoeuropeos, fuese también de origen ligur.
El carácter indómito que siempre mantuvieron las tribus lusitanas, hace que sea considerado un pueblo primitivo por los cronistas romanos de la época. Este pueblo situado en una zona de influencia de la cultura del bronce, lo convierte en gentes expertas en la manipulación de los minerales y por tanto en la construcción de armas y al mismo tiempo hábil en la lucha, dado que las disputas entre tribus y con otras poblaciones es relativamente frecuente.
Los pertrechos y armamento que portan los guerreros lusitanos, son descritos por Estrabón en su geografía de la Península.
(III 3, 6) “Su escudo es pequeño, de dos pies de diámetro, y cóncavo por delante; lo llevan sujeto con correas, ya que no tiene abrazaderas ni asas. Van armados también de un puñal o cuchillo; la mayor parte llevan corazas de lino, y pocos, cota de malla y cascos de tres penachos. Otros se cubren con cascos tejidos de nervios; los infantes usan grebas y llevan varias jabalinas; algunos usan también lanzas con punta de bronce”.


Invasiones romanas



Después de la perdida de la hegemonía de los Cartagineses en el Mediterráneo, en las dos primeras guerras púnicas 264-241 y 218-201 a. C., los romanos llevan a cabo el inicio de la ocupación de la península, fijando la primera división administrativa en el año 197 a. C. en Hispania Ulterior y Hispania Citerior; quedando lusitanos y vetones dentro de la Ulterior.
Hispania romano según Schulten, procede del fenicio “i – sch’ phannim” = costa de los conejos.
Desde la llegada de los romanos a la Bética, lusitanos y vetones redoblan sus incursiones en este territorio para saquear dichas zonas, teniendo constancia de los primeros enfrentamientos ya en el año 194 a. C.
En los años 193 y 192 a. C., siguen los enfrentamientos de vetones coaligados con vacceos y celtiberos contra el pretor M. Fluvio. Estos enfrentamientos, narrados por Livio, se producen en diferentes zonas de la Ulterior.
Es el mismo Livio, quien más tarde, nos da a entender un cierto periodo de calma en los combates entre romanos y vetones, permitiendo estos, a los romanos, en el año 179 a. C., el paso por su territorio para lanzar después L. Postumio un ataque contra los vacceos.
Ante las incursiones de Púnico y las derrotas infligidas a los pretores L. Manilio y L. Calpurnio Pisón, siguiendo los ataques al sur del Tajo con la ayuda de los vetones, Roma trata de asegurar su posición más allá del Tajo, en territorio de lusitanos y vetones, continuando las llamadas guerras lusitanas comenzadas en el año 155 a. C. En este frente, están juntos los pueblos lusitano y vetón.
Lusitanos y vetones son de carácter indómito e independiente, atribuyéndoseles a hombres y mujeres gran arrojo y valentía personal.
A Púnico le sucede al frente de la rebelión Césaro, que en el 153 a. C. derrota las tropas del pretor de la Ulterior L. Mummio; aunque logra recuperarse, ocasionando numerosas bajas a los lusitanos en otras confrontaciones y derrotando a Cauceno después que Éste hubiese ocupado el Algarve y pasado al norte de África.
Con los pactos de Atilio Serrano en el 152 a. C., los vetones parecen sometidos al impero; pero la irracionalidad y salvajismo romanos después de los pactos y en el 151, hacen que los vetones sean acompañantes de los lusitanos en sus campañas en la Bética en este mismo año.
Tras la sucesión de Atilio por Servio Sulpicio Galva y de diversos contratiempos con los lusitanos, siendo derrotado por estos, Galva une sus fuerzas con Lúculo en el 150 a. C., forzando la rendición de lusitanos y vetones, prometiéndoles seguidamente el reparto de tierras; estas promesas son incumplidas y los que se presentan a la convocatoria son pasados a cuchillo y sus mujeres e hijos vendidos como esclavos en la Galia.
La diferencia de víctimas de la matanza de Galva entre los historiadores de la época, es desigual, confirmándonos Tito Livio que fue una carnicería inhumana.
Los enfrentamientos con Roma siguen en el año 147 a. C., siendo Viriato el jefe más importante de los pueblos lusitano y vetón.
Una de las aseveraciones sobre su nacimiento, trasmitida desde muy antiguo oralmente y recogida en forma escrita en el año 1654 por Gabriel Azedo, dice, que Viriato era natural del Guijo de Santa Bárbara, situado dentro de territorio vetón y en la zona más alta de toda la comarca de la Vera; con lo cual tendríamos un Viriato nacido en la Lusitania pero de etnia vetona. Otros sitúan su nacimiento en Monte Herminio (Sierra de la Estrella), ó en otros lugares como Zamora y Viseu.
Ninguno de estos datos está determinado por pruebas que lo demuestren con certeza.
La apreciación del Guijo puede tener cierto fundamento, ya que Viriato logró escapar a la matanza de Galva y según Valerio Máximo, los convocados fueron los Coerenses, Caluri y Calontienses; los dos primeros situados al norte del Tajo, entre los ríos Alagón, Jerte y Tietar y los Calontienses al sur, entre el Tajo y el Salor; los Caluri eran los ocupantes de la zona del Guijo.
La cercanía de los Coerenses y Caluri a la sierra de Gata, hace posible que la convocatoria de estos pueblos fuese en los terrenos situados en los llanos comprendidos entre Monte Hermoso, Moraleja y Coria, desde donde Viriato podría haber escapado a zonas de la sierra de Gata, o la parte oeste de la Sierra de Gredos; todos estos terrenos posiblemente bien conocidos por la mayoría de los que lograron escapar.
No cabe ninguna duda que estos alcanzarían mejor su objetivo en terrenos montañosos que en lugares llanos, sobre todo, siendo su dedicación el pastoreo, que como es sabido en aquella zona y época, se trataba de rebaños de cabras, con lo cual, estarían habituados a los sitios agrestes de la sierra.
Apiano da por hecho la fuga de Viriato en aquella matanza.
“Sin embargo unos pocos de ellos lograron escapar, entre los que estaba Viriato, quien poco tiempo después se puso al frente de los lusitanos, dio muerte a muchos romanos y llevó a cabo las más grandes hazañas”.
Otra de las incógnitas y también de difícil solución, es la ubicación del “Mons Veneris”, ya que las referencias sobre su situación, no llegan más allá de la mención del río Tajo y un monte de olivos; siendo también Apiano el que nos da este dato impreciso.
“Cruzó el río Tajo y acampó en un monte cubierto de olivos, llamado Monte de Venus. Allí lo encontró Plaucio y lleno de premura por borrar su derrota, le presentó batalla”.
En el año 140 a. C., la derrota infligida al cónsul Quinto Flavio Máximo Serviliano, hace que los romanos pacten con Viriato (aequis coditionibus) y este pase a ser considerado aliado del imperio.
Esta situación no duraría muchos años, en el 138 a. C., los romanos no conformes con el tratado llevado a cabo por Quinto Servilio Cepión, tratan de plantear unas nuevas negociaciones, asesinando a Viriato los propios oficiales encargados del pacto: Audax, Ditalco y Minurus, sobornados por Marcus Pompilius Lenas; siendo sometidos progresivamente lusitanos y vetones al imperio romano.
El sucesor de Viriato, Táutalus, pese a su entrega, nada pudo contra la fortaleza de las legiones romanas.
El reconocimiento a la fortaleza de estos pueblos, es admitido por los historiadores de la época, entre ellos Estrabón.
Geografía de Estrabón III, 3, 3. “Al septentrión del Tagos se extiende la Lusitania, la más fuerte de las naciones iberas”.
Las fuentes antiguas reconocen también la valía de Viriato como líder carismático y gran estratega, quedando para la historia su forma de plantear los ataques, llevando a cabo lo que hoy se denomina guerra de guerrillas.
El sometimiento de los pueblos lusitano y vetón y su pacificación, se produce plenamente durante la guerra sertoriana, entre el 82 y 72 a. C.
La condición y calificación de los habitantes de las zonas conquistadas por Roma, pasan en su evaluación de barbari, a ser considerados peregrini, con lo que se inicia el camino para que un día sus ciudades, federadas, inmunes, libres y estipendiarias, lleguen a alcanzar el grado de municipio romano; quedando fuera de esta posibilidad los peregrini dediticii.
Este sometimiento queda reflejado posteriormente en la guerra civil en la Península entre César y Pompeyo, en la que se lleva a cabo en el año 49 a. C. el reclutamiento por parte de los generales de Pompeyo de tropas auxiliares entre los vetones, las cuales, quedaron bajo el mando de Petreyo, legado de Pompeyo en la Lusitania.
Durante la época imperial, llega a formarse un ala ligera compuesta por vetones, considerados excelente jinetes, que pasan a formar parte del ejército romano; estas fuerzas están presentes durante la campaña llevada a cabo por las legiones romanas en la conquista de Britania. “Ala Hispanorum Vettonum Civium Romanorum”.
Leyenda de la lapida funeraria hallada en el hoy llamado Bath, Reino Unido.
L. VITELLIUS. MANTAI. F. TANCINUS. CIVES. HISP. CAURENSIS. EQ. ALAE. VETTONUM. C. R. ANN.XXXXVI. STIP. XXVI. H.S.E.
Lucio Vitelio Tancino, hijo de Mantao, ciudadanos hispanos de Coria, del ala de caballería de los ciudadanos romanos vetones, a los 46 años, 26 de servicio. Yace aquí.
Si es grande la fama de los vetones como excelentes jinetes, no lo es menos la de la rapidez de sus monturas, dando origen al mito de sus yeguas, al creer que son preñadas por el viento Céfiro.


Romanización, adopción de la cultura y civilización del invasor


Como núcleo más importante de la zona destaca Irueña, que según parece paso por diferentes etapas, primero como castro nativo, más tarde vetón; consiguiendo su máximo esplendor como oppidum romana, Urunia, con una población semejante a la que hoy día ocupa la parte amurallada de la ciudad de Ávila, aunque estos datos no están suficientemente constatados.
La construcción del castro fortificado, podría haberse llevado a cabo por gentes autóctonas, ante la llegada de los pueblos indoeuropeos en el primer milenio a. C. Estas gentes, como en el caso de los Lusitanos, serian no indoeuropeos y de substrato etnográfico ligur; considerando a los ligures los indígenas del neolítico de iberia, tal como escribe Luis Pericot; o la base de los pueblos prehistóricos como afirma A. Schulten.
Tanto Posidonio como Diodoro Sículo consideran a ligures e iberos de la misma raza mediterránea.
La raiz “ir(i)/la ciudad”, presente en el idioma vasco, que según Schulten es un relicto ligur, reforzaría la hipótesis de la construcción y ocupación de este castro por gentes no indoeuropeas.
El término común iri = la ciudad (variante del ibero ili), para referirse al castro, posiblemente debió ser utilizada por las gentes situadas bajo su influencia en aquella primera época.
El término, “la ciudad”, para calificar el núcleo más importante de la zona, también ha sido utilizado por los pueblos del alto Águeda, para nominar a Ciudad Rodrigo cuando aún era clara referencia comercial y administrativa de los pueblos del entorno; así mismo fue utilizado por los pueblos de San Martín de Trevejo, Villamiel y Eljas hasta 1958, a la que seguían considerando “su ciudad”, cuando aún pertenecían a este obispado.
El sufijo “ueña”, está documentado en el hidrónimo asturiano Güeña, derivado de su original el celta Onna=arroyo, río, agregado a la raíz ir(i) durante la ocupación del castro por los vetones.
La ocupación de la oppidum durante época visigoda, necesitaría de un estudio en profundidad para determinar de qué forma se vio afectada por la entrada de los pueblos germanos.
La leyenda “La cautiva de Irueña”, parece haberle dado continuidad durante la dominación árabe; aunque nada se puede afirmar sobre este tema al no existir documentación especifica al respecto.
En la Historia Civitatense de Don Antonio Sánchez Cabañas, en una donación hecha por Fernando II de León a la sede de Ciudad Rodrigo y su obispo don Domingo, aparece como nombre de la ciudad “Oronia, que ahora es dehesa de la Silla episcopal”.
Sus restos están situados en la ribera del río Águeda, antes de su paso por lo que es hoy el pueblo de Fuenteguinaldo y en su término municipal.
Las ciudades indígenas de la Lusitania, según Plinio en su Naturalis Historia, eran 36, todas ellas estipendiarías. Las condiciones en el régimen jurídico de menor privilegio de estas ciudades, eran impuestas por Roma ante la resistencia de los pueblos, en este caso lusitano y vetón, a su dominación, soportando también el pago de estipendios todos sus habitantes, así como las cargas militares y aportación de tropas auxiliares.
La población en el resto de la Lusitania, tal como la describe Estrabón para la mayor parte del territorio de Hispania, estaba poblado por aldeas ó pequeños asentamientos, exceptuando la Bética.
Esto nos puede llevar a considerar que la población al norte de la sierra, estaría compuesta por pequeños asentamientos bajo la influencia de los dos núcleos importantes de la zona, Irueña y Mirobriga (C. R.), cuya economía pastoril se extendería a todo lo largo del rio; quedando en un segundo plano y lejos de la importancia de estas, el asentamiento de la zona de Peñaparda.
En el año 27 a. C., Octavio Augusto lleva a cabo la reorganización administrativa de Hispania, dividiéndola en tres provincias: Bética, Lusitana y Tarraconensis; la Bética bajo mando directo del senado y Lusitana y Tarraconensis del propio emperador.
Hacia el 25 a. C., Octavio Augusto funda Emérita Augusta y en el 17 a. C. los pueblos de la Lusitania pasan a depender administrativamente de Ella.
Plinio NH, IV, 117, la Lusitania es dividida en tres conventos (partidos judiciales): el Emeritense (Mérida), el Pacense (Beja) y el Escalabitano (Santarem).
También según Plinio, la Lusitania contaba con 45 ciudades: 5 colonias, 1 municipio romano, tres ciudades de derecho antiguo latino y 36 ciudades estipendiarias.
Colonias: Augusta Emérita (Mérida), Metillensis (Medellin), Pacensis (Beja), Norbensis llamada Caesarina (Cáceres), son contribuyentes en ella Castra Servilia y Castra Cecilia; la quinta Scalabis llamada Presídium Iulium (Santarem).
Municipio romano: Olisipo llamada Felicitas Iulia (Lisboa).
Ciudades de derecho latino antiguo: Évora llamada Liberalitis Iulia y Myrtilis (Mértola) y también Salacia (Alcácer do Sal).
Vespasiano concede el “ius latii” a los habitantes de Lusitania (Hispania) en el 73-74 d. C.
Universae Hispaniae Vespasianus imperator Augustus iactatum (iactatus) procellis rei publicae Latium tribuit.
El emperador Vespasiano Augusto, lanzado en las turbulencias de la administración del estado, concedió el Lacio para toda Hispania.
Plinio el viejo-Naturalis Historia III, 3, 30.
El ius latii minus concedido por Vespasiano, fue un instrumento que incidió lentamente en la incorporación de la población indígena a la ciudadanía romana.
Con el mandato de la construcción del puente de Alcántara por Trajano en el año 98, la población indígena que habita al norte, sur, y oeste de la sierra y cuya ayuda tanto física como material es requerida para dicha obra, quedaría inmortalizada en los grabados de sus placas de mármol, a su finalización en el año 104.






Puente de Alcántara




MUNICIPIA PROVINCIAE. LUSITANIAE.STIPE. CONLATA, QUAE, OPUS. PONTIS.PERFECERUNT: Los Municipios de la Provincia de la Lusitania, que contribuyeron a acabar y perfeccionar este puente:
Entre estas ciudades libres de la Lusitania, que se gobernaban por sus propias leyes y magistrados, (siempre bajo la maiestas romana) estaban los Ciudadanos Lancienses, los Lancienses del lado de allá del Cuda, los Interamnienses y los Igaeditanos.
La situación exacta de los Lancienses, tanto Oppidanos como Transcudanos, hasta hoy día es un tanto supuesta, ya que las referencias escritas sobre su situación son escasas y poco concretas; teniendo además de algún dato epigráfico, la situación que de su mismo nombre se desprende. El término de los Transcudani, cuyo nombre indica relación y cercanía con referencia al Cuda, estaría situado hacia el oeste del río y en territorio de los lusitanos, siguiendo la dirección naciente-poniente para determinar su situación con relación al río; los Oppidanos que según Ptolomeo vivían entre los vetones, los sitúa el termino Augustal al norte de los Igaeditanos (Idanha-a-Velha), pudiendo haber estado asentados en una franja de terreno entre estos y el sur de los Interamnienses (Salvaleón), continuando sus asentamientos al este, bordeando el territorio de estos hasta el norte de la Sierra de Gata.
Estas informaciones, lo que sí parecen indicarnos, es la ubicación de estos pueblos en una relativa cercanía a la Sierra de las Mezas, donde está el nacimiento del Côa y punto de unión hoy día de las provincias de Salamanca, Cáceres y Guarda, uniéndose a esta por el sur y a poca distancia de las Mezas, Castelo Branco.








Nacimiento del Côa





La relación jurídica con estas ciudades libres, era fijada por Roma unilateralmente, siendo su potestad modificarla, estando sometidas al pago de tributos y como en el caso del puente aportando también su ayuda física, no teniendo la misma consideración que las federadas en su amparo. La exención del pago de tributos convierte a estas, en civitates liberae et immunes.
En los pequeños núcleos al sur de la sierra, cobran importancia Catóbriga, Celliarium, Ergastulum, y las villas romanas situadas en las fincas de Villalba y Nava del Rey en el término de Villamiel; esta zona posiblemente con una densidad de población más importante que el norte de la sierra en los pequeños asentamientos.
La romanización tanto en el norte como en el sur de la sierra, debió ser muy lenta ó inexistente fuera de las civitates.
En la parte norte de la sierra, debido a las condiciones poco actas para la agricultura, tanto por sus suelos ácidos como por las condiciones climáticas, la dedicación de los habitantes seria principalmente ganadera; sin embargo al sur de la sierra, las villas, se convierten en activos centros agrícolas, generalizando el cultivo de la viña y el olivo, así como el de los cereales.
Adriano ampliaría el acceso a la latinidad, “ius latii maior”, no solamente a los magistrados y sus familias, sino también a la curia y asamblea municipal, incluidos todos sus familiares.
En el año 212 d. C., el emperador Caracalla concede la ciudadanía romana a todos los habitantes del imperio que no fuesen esclavos (dediticii=sometidos).
La “deditio”, rendición ó capitulación formal de los habitantes de estas “civitates deditciae”, trae consigo, en algunos casos, su devastación, pasando a convertirse estos terrenos en “ager publicus”.
A medida que los romanos penetran en la Península, se hace necesario el dominio y control del territorio por la necesidad de moverse con rapidez, tanto para comerciantes, como para el trasporte de mercancías y por supuesto el movimiento rápido de las legiones. Esta necesidad se convierte en la urgente construcción de vías rápidas para una pronta vertebración de todo el territorio. Estas vías comienzan a construirse durante la época republicana, siguiendo caminos naturales y vías cartaginesas; teniendo un mayor incremento durante la época imperial y alto imperial.
Las principales vías que cruzaban la provincia de la Lusitania son: Vía Quinéa (Vía de la plata) que unía Emérita Augusta, Salmantica, Ocelo Duri (Zamóra) y Asturicam (Astorga) “iter ab Emérita Asturicam”.
Vía Colimbriana que comunicaba Salmantica - Miróbriga -Conimbriga.
Vía Dalmacia que unía a la vía principal Quinéa (Via de la Plata), desde Zamora, la población de Miróbriga (C. R.), para dirigirse desde esta hacia el sur, pasando posiblemente por Urunia y avanzando en su recorrido por el puente romano del Villar hacia la que hoy día es la población del Payo, para bordear la ladera de Jálama y seguir hasta Caurium (Coria). Posible ramificación de la calzada en Payo hacia el puerto de San Martín de Trevejo, esta, conservada en buen estado desde la carretera de Santa Clara hasta la entrada del pueblo; posiblemente, esta calzada, continuaría por el termino de Villamiel, Trevejo y lo que es hoy Cilleros, ramificándose en este punto hacia Egaeditania y Caurium y por otra parte enlazando desde San Martín de Trevejo con Ergastulum y las explotaciones mineras situadas en el termino de Valverde y la frontera portuguesa.





Puente del Villar



De las labores mineras que los romanos llevaron a cabo en esta zona, las más evidentes, sin duda, son las de Valverde del Fresno, Los Vieiros, a cielo abierto, con zanjas de unos 8 ó 10 metros de anchas y unos 8 metros de profundidad, siguiendo los filones estanníferos (filones con componentes auríferos) hasta dentro de la que hoy es frontera portuguesa; pudiendo haber existido otras en las laderas de Jálama, o en el término del actual Navasfrías, más difíciles de identificar por el paso del tiempo y las explotaciones mineras llevadas a cabo desde comienzos del siglo XX en toda esta zona; aunque la raíz “rúbeo” del actual Rubiós, antiguamente Rubeolos, denote la posibilidad de haber sido conocido ya por los romanos por el oro nativo que arrastran sus aguas, circunstancia que tampoco pasaría desapercibida para ellos en los demás ríos de la zona y el bardal, que continuaba siendo una llanura aluvial producida por los desbordamientos del río Roladrón.
También existen indicios de labores mineras romanas en el río Eljas y en Perales del Puerto.
Después que las dinastías Flavia y Antonina propiciasen la incorporación de los habitantes de las ciudades de Hispania a la ciudadanía romana y a la tribu Quirina, culminando este proceso la Constitutio Antoniniana ó Edicto de Caracalla; hacen posible hoy día, que debido a los descubrimientos epigráficos, se pueda afirmar que la mayor parte de las 36 ciudades estipendiarias que Plinio dice había en la Lusitania, habían pasado al final de imperio a ser municipios latinos, entre ellos, los cercanos a la Sierra de Gata y Sierra de las Mezas: Urunia, Caurium, Igaeditania, Interamnia, Lancia Oppidana y Lancia Transcudana.
Una de las principales aportaciones romanas, fue el derecho, que el gran jurista Ulpiano resumió en tres máximas: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere - vivir honestamente, no causar daño a otro y dar lo suyo a cada uno.



Invasiones de los pueblos germanos



El Chronicón del obispo Idacio, hace referencia a las invasiones de los pueblos germanos, describiendo el horror que se extendió por toda Hispania ante la crueldad de los invasores.
“Los alanos, los vándalos y los suevos entraron en Hispania en la era 447 (año 409). Los bárbaros que habían entrado en Hispania robaron y mataron como enemigos. Desenfrenados los barbaros por Hispania y recrudeciéndose por todas partes la peste, el tirano recaudador de impuestos robaba las riquezas y las provisiones guardadas en las ciudades, y los soldados las agotaban; la cruel hambre se extendió, hasta el extremo de que, forzados por el hambre, los hombres devoraron carne humana; […] Los hispanos que sobrevivieron a las plagas en las ciudades y fortalezas se sometieron como esclavos a los bárbaros que dominaban la provincia”.
En un principio, los alanos se establecieron en parte de la Lusitania, los vándalos asdingos hacia el sur y los suevos en el norte
Posteriormente penetraron los visigodos como aliados del imperio, con la necesidad de poner fin a la anarquía de estos invasores que habían arruinado la estructura administrativa romana.
En el año 468 d. C., los visigodos ocupan Mérida, extendiéndose por el oeste en toda la zona lusitana.
Durante la entrada de los pueblos germanos, con la destrucción de las ciudades y el saqueo de las zonas rurales y debido también a las dificultades planteadas por la presencia de los invasores, las plagas y el hambre, se origina en muchos territorios la dispersión de la población hispana en pequeños grupos, que sobreviven dedicándose a la ganadería y pequeños cultivos, llevándose a cabo los enterramientos en estas zonas, posiblemente ya, en sepulcros esculpidos en la roca, cerrándolos con grandes losas ante la presencia de fieras, que según el Cronicón de Idacio, “se habían acostumbrado a los cadáveres de los muertos por la espada, por el hambre o por la peste”.
Estas tumbas, debido a su escaso número, podrían haber sido utilizadas para enterramientos temporales, depositando los restos después de un cierto período, en osarios, en la misma zona.
En el área de Navasfrías existen algunos testimonios de estos sepulcros, unos con formas antropomorfas y otras no antropomorfas, diseminados por diferentes puntos, los más importantes, en el cerro de Cabeza Porquera (Vega de la Orden).
Cabe hacer constar que los agricultores que cultivaban estas tierras hace muchos años, hablaban de residuos de viviendas existentes en la ladera, los cuales iban apareciendo al arar los campos.
La dispersión de estas tumbas por diferentes puntos del término de Navasfrías, confirman la ocupación de la zona por pequeños núcleos de población estable, cuyos habitantes vivirían principalmente de la ganadería, cerca de las majadas; algunos de estos núcleos posiblemente ocupado por varias familias, como puede ser el caso de Cabeza Porquera y del Rotoro, entre otros.
Así mismo existe un grupo de tumbas en la cercana dehesa de la Genestosa, en el sitio donde se reúne el ganado, llamado el majadal.
En el concejo de Sabugal existen estas tumbas en pueblos vecinos de la frontera como Aldeia do Bispo y la Geosa da Raia; así como en las riberas del Côa.
La cercanía de estos pequeños núcleos, hacen posibles las relaciones entre miembros de los diferentes grupos, así como zonas comunes de pastoreo e intercambios de productos del campo y de ganados; como ha venido sucediendo entre pueblos contiguos.








Tumbas de Cabeza Porquera




Otros testimonios en la zona de la sierra, aunque estos en la provincia de Cáceres y posiblemente posteriores, son varias tumbas antropomorfas en el pueblo de Trevejo, junto a la iglesia y cercanas al castillo; así como vestigios visigodos, en Villamiel, “ Clodoveas de Recaredo “, tres flores de lis enmarcadas por círculos tangentes y también un grabado de San Sebastián.
Estos pueblos aunque están situados al sur de la sierra de Jálama, son cercanos al área de Navasfrías.


Obispado de Caliabria

Después de la incorporación de los suevos al reino de los godos, en el año 585, y de la creación de la sede Caliabriense a comienzos del siglo VII, se llevó a cabo en el año 653, la división diocesana de la Iglesia Hispánica, quedando como metrópoli de la provincia Lusitana: Emérita Augusta y sufragáneas de esta: Pax Julia (Beja), Olissipo (Lisboa), Ossonoba (Faro), Egitania (Idanha), Coímbra, Viseu, Lamego, Caliabria, Salamanca, Évora, Ávila y Coria.
De la sede episcopal visigoda de Caliabria, se tienen noticias con Servus Dei como asistente a los concilios IV, VI y VII de Toledo, años 633-638-646, firmando por antigüedad en los números 30, 23, y 18 como Obispo Caliabriense. Celedonio al VIII, año 653, con el número de orden 44. Aloario (Alvario) concilio de Mérida, año 666, firmando en último de los doce asistentes. Ervigio, concilios XV y XVI de Toledo, años 688 y 693, con los números 13 y 3.
Algunos historiadores defienden la existencia de un obispo más en Caliabria, posterior a Ervigio, ya que el último obispo de Caliabria fue muerto por los musulmanes junto con varios obispos más el año 717.
La existencia de al menos un obispo más después de Ervigio, es lógica, ya que en el concilio XVI de Toledo, Ervigio era el tercero por antigüedad de los asistentes y por tanto una persona de cierta edad para ocupar la sede 24 años más.
La silla episcopal de Caliabria, aunque de dudosa ubicación, parece ser, estaba ubicada en Castelo Calabre, (Almendra, Port.).
La historia civitatense de Don Antonio Sánchez Cabañas, se refiere al obispado de Ciudad Rodrigo cómo continuidad de la sede Caliabriense, aportando datos sobre su asentamiento dentro de la Lusitania y su donación a Don Domingo, nominado obispo de Caliabria y Ciudad Rodrigo; esta donación se hace extensiva a todos sus sucesores.
“Pues como estas gentes viniesen cuando los romanos eran señores de España, alcanzaron de ellos sitio para poder edificar dentro de la Lusitania, y entre los dos ríos Coa, llamado antiguamente Cuda y Águeda, que primeramente se llamó Gada, dieron principio á una ciudad, á la cual, por ser ellos calabreses, llamaron Calabria. La cual ciudad, como queda dicho, caía en la partición de Visseo y apartada desta ciudad de Ciudad Rodrigo más poco de ocho leguas. La cual ciudad está el día de hoy destruida, y sus ruinas se aparecen á una legua de la Fregeneda, villa bien conocida en el Abadengo, Obispado de Ciudad Rodrigo.
A este sitio llaman los naturales de aquella tierra la “Cabeza de Calabre”, por haber estado edificado sobre un monte, entre los dos ríos, como se ha referido.
En esta ciudad de Calabria puso el rey Recaredo, Obispo, el cual se intituló calabríense; y en el Concilio IV de Toledo, que se celebró en la iglesia de Santa Leocadia, año 634, en el tercer año del reinado de Sisenando, se halló el Prelado que regía esta iglesia, como consta de su firma, que dice: Siervo de Dios, Obispo Calabríense”.
La apertura del Concilio IV de Toledo se inicia el día 05 de Diciembre del año 633.
La concesión de la ciudad de Calabria al obispado de Ciudad Rodrigo, se lleva a cabo en Enero de 1171 por Fernando II, Rey de León.
“Addo etiam, vobis illam cívitatem calabriam, que iacet inter Cudam et Aguedam cum ómnibus directis et pertinenciis suis,”

lunes, 31 de enero de 2011

Del Calcolítico a la Edad del bronce

Nuevos poblamientos y buscadores de metales.

En el segundo tercio del tercer milenio a.C., coincidiendo con el final del neolítico, la inquietud que ha caracterizado siempre al hombre en la búsqueda de cosas nuevas, da como resultado el comienzo de los primeros pasos en la Península de técnicas para la manipulación de un mineral ya utilizado en otras partes del planeta, al menos un par de milenios antes, como lo demuestran el hallazgo de crisoles en diferentes zonas para producir cobre por fusión a partir de cobre nativo, sulfatos y carbonatos. Estos hechos marcarían una nueva era y serian de gran importancia para los habitantes de la península y al mismo tiempo para el resto de pueblos que posteriormente la ocuparon.

Esto, sucede casi al mismo tiempo en dos núcleos de población, distantes entre sí, uno en la costa mediterránea y el otro en el suroeste, en los cuales los artesanos transforman este mineral en un metal, con el cual fabrican armas, adornos, utensilios y herramientas, dando así nacimiento a las culturas de los Millares y de Vila Nova, donde por primera vez aparece la utilización del cobre en la Península; hecho que se propaga durante este tercer milenio, originando la búsqueda de este mineral por los nativos para su comercialización.

Durante este tercer milenio, los Cretenses y los Carios de Asia Menor ya cruzaban el Mediterráneo, comerciando con los nativos la adquisición de los minerales.

Durante el neolítico o a finales de este, sin que se tenga certeza en la fecha exacta, comienza a conformarse un nuevo mapa de habitantes, que sería de gran importancia para el posterior desarrollo y mezcla de los pueblos que en adelante ocuparían la Península.

En esta época, da comienzo la ocupación de toda la costa mediterránea por nuevos pobladores, de posible procedencia africana, organizados en tribus, provenientes del Ródano y del sur de Francia, donde se habían establecido anteriormente llegados a través del estrecho de Messina; también cabe la posibilidad que algunas de estas tribus accediesen a la península por el sur, a través del estrecho; aunque existen serias dudas sobre esta posibilidad.

Estas tribus, que posteriormente se mezclarían con otros pueblos llegados a la Península y que finalmente ocuparon gran parte de Ella, recibieron el nombre de iberos; razón por la cual Esta seria conocida como Iberia.

Los navegantes griegos que cruzaban el Mediterráneo, fueron los primeros en emplear el nombre de Iberia, igual que anteriormente con la denominación ¨Ligures¨.

La ocupación de la costa mediterránea por estas tribus, las expondrían a las culturas más avanzadas de las zonas orientales. Estas influencias culturales de fenicios y griegos, juntamente con el patrimonio cultural indígena configuraron la civilización ibérica, que perduro hasta la invasión de Roma, desapareciendo con la adopción de la cultura del invasor.

La denominación Iberia, aparece por primera vez en el siglo VI a. C., en el Periplo de Masalia, según el poema latino ¨Ora marítima¨ de Festus Avienus.

Después del asentamiento de las tribus iberas en la península, los artesanos avanzan en sus conocimientos logrando mezclar el cobre con el estaño, lo cual, produce un nuevo logro en la manipulación de los metales; ya que esta mezcla daría lugar a la fabricación del bronce, un metal de mayor dureza que el cobre y por tanto con mejores condiciones para la fabricación de herramientas, utensilios y armas sobre todo; uso prioritario, debido al carácter guerrero de las tribus y pueblos que cada día empiezan a tener más presencia en las diferentes zonas de la Península.

Estos avances, que anteriormente como con el cobre se habían producido en otras partes del planeta, tienen una de sus principales fuentes dentro de la Península en los hechos que se desarrollan en el levante, conocidos como la cultura del Argar.

Como consecuencia de todo esto, se generaliza la búsqueda también de la casiterita (Kassiteros = Estaño) y su comercialización por los nativos.

La denominación edad de cobre, o edad de bronce, solo tiene un valor cronológico local; pues su desarrollo se sitúa en distintas épocas en diferentes partes del planeta.

Época orientalizante.

Rutas por las zonas mineras

Hacia el último cuarto del segundo milenio a. C., en el bronce medio, entran por el sur de la península los tirsenos, procedentes de Asia Menor, ocupando primeramente la parte sur occidental, actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz; cuya capital Tartessos, año 1200 a. C., se supone estaba ubicaba en la desembocadura del río de su mismo nombre, Tartessos, Betis, hoy Guadalquivir.

Tartessos, fue destruida por los cartagineses hacia el año 500 a C.

La búsqueda llevada a cabo por A. Schulten en esta zona, siguiendo las indicaciones un tanto confusas de Festus Avienus ¨Ora Marítima¨ y Estrabón, no tuvieron resultados positivos, esto, ha abierto las puertas a otras muchas teorías sobre la situación de Tartessos.

A la llegada de los tirsenos, la etnia principal de esta zona según Schulten eran Ligures.

Los tartesios, dedicados de una forma prioritaria a la obtención de minerales, llevaron la explotación de las minas de Ríotinto, Linares y Almería a un primer florecimiento.

Durante este periodo y con el desarrollo del bronce atlántico, se abren rutas en toda la costa, penetrando las influencias orientalizantes a lo largo de todo el litoral y alcanzando también algunas zonas del interior.

Los datos arqueológicos que han ido apareciendo en poblados situados en la costa, como Castro Marín, Alcacer do Sal, Setúbal, Amadora, Lisboa, Santarém, Santa Olaia y otras, demuestran la penetración del comercio Tartesico a lo largo de toda la costa atlántica.

Este comercio, lo llevarían también a cabo, más tarde, los fenicios y griegos focenses.

Estelas Decoradas.

Las estelas del suroeste o estelas extremeñas, extendidas hasta la parte norte de la sierra de Gata, denotan la presencia de contactos de los pueblos de las zonas orientales del Mediterráneo con las gentes de estos territorios.

Estos contactos, producirían un cambio cultural en el substrato etnográfico, producto de la cultura Tartesica; quizá más acentuada en la costa atlántica, debida también a la influencia fenicia. Este cambio cultural, afecto también de alguna manera, el substrato etnográfico de toda la parte de lo que muchos años más tarde sería conocido como pueblo lusitano.

En Extremadura, la cantidad de estelas, marcan un control territorial que con toda probabilidad determino la explotación minera de estas tierras, debido a la existencia de oro, plata, cobre o estaño en gran parte de la zona extremeña donde han sido localizadas estas estelas. La alta Extremadura es principalmente rica en estaño, encontrándose en esta zona algunos yacimientos y ríos en los cuales el oro nativo es otro de los metales existentes.

Las estelas que se han conservado hasta nuestros días en plena Sierra de Gata, fueron localizadas en Hernán Pérez, San Martín de Trebejo y otra, a escasos metros de los limites de Descargamaria y dentro del término de Robleda; aunque la más cercana al núcleo navasfrieño estaba situada a tan solo cinco Km, en Fóios (Sierra de las Mesas) y dos más, en los términos de Meimao y Baraçal. Esta ultima estela, esculpida en relieve, presenta un escudo de tres anillos concéntricos, los dos exteriores escotados en U abierta, espada pistiliforme y lanza con punta larga y estrecha, pasando por ser la más antigua, siendo posible su datación entorno a los siglos XI-X a. C. La de Foios, lindante con el termino de Navasfrías y cuyo escudo es de cuatro anillos, los dos interiores escotados en V, espada de lengua de carpa y lanza incompleta por rotura de la estela en la punta de la lanza, está grabada con surco profundo como el resto de estelas, siendo considerada su construcción entre los siglos X-IX a C.

Los pueblos de Baraçal y Foios, pertenecen al lindante concejo de Sabugal, (Guarda) y Meimao, al cercano de Penamacor, (Castelo Branco).

En la zona centro-norte de Portugal, entre el Duero y el Tajo, existen varios yacimientos de casiterita; encontrándose en algunas zonas de las estribaciones de la Sierra de la Estrella, piritas cupríferas.

Posidonio, historiador y geógrafo, que escribió también sobre la Península, dice: “El estaño no está en la superficie, como han escrito otros historiadores, sino que se extrae de la tierra, nace junto a los barbaros que viven sobre Lusitania y las Islas Casitérides”.

En la frontera y cercanos a las estelas de Foios (Localización estela 6º 53´ 30´´W 40º 17´ 30´´ N) y San Martin de Trevejo (Localización estela 6º 48´ 00´´ W 40º 11´ 40´´ N), existen yacimientos de casiterita con componentes auríferos en los pueblos de Valverde del Fresno (6º 52´ 40´´ W 40º 13´ 30´´ N) y Navasfrías (6º 49´ 08´´ W 40º 17´ 55´´ N). En este último, estos componentes auríferos, en algunos casos están localizados en filones de cuarzo mineralizados con wolframita y casiterita.

A pesar de que no existen hallazgos de metalurgia en bronce, como en algunos pueblos de la zona, entre ellos, Fuenteguinaldo, Peñaparda y San Martin de Trevejo, ni restos de castros o edificaciones antiguas, a excepción de las ruinas de los Salgueros, en plena zona minera, de las cuales no existe memoria ni referencias sobre su antigüedad; pero que dada la abundancia de casiterita en esta zona y debido a la cercanía de las estelas y la antigüedad de estas, bien podrían remontarse a las primeras búsquedas de minerales en el término navasfrieño, que con toda probabilidad habría ocurrido durante el bronce final, en la época más activa del bronce atlántico.

El entendimiento de los pueblos de la Península con los tartesios, tiene como centro de comercio de los metales a Tartessos, paso obligado en la ruta occidental del estaño y centro de una floreciente cultura; cuya hegemonía, por poder y riquezas, fue mantenida durante muchos años por su rey Arganthonios; el cual según las leyendas vivió 120 años, reinando durante 80 años ininterrumpidamente.

Este entendimiento con los tartesios en el comercio de los metales, posibilita que también los habitantes de estas zonas, seguramente dedicados al pastoreo de una forma casi nómada, pudieran trabajar de beneficio alguno de los placeres de los ríos Águeda, Roladrón, Rubiós o del regato de Los Salgueros afluente de este último, los dos en plena zona minera, como posiblemente también el regato del Pizarro, llevando a cabo el lavado de alguna parte de los niveles inferiores de sus terrazas; aunque estos trabajos serian posiblemente más intensos en la época celta y durante la dominación de Roma.

Topónimo ¨naba/nava¨.

El topónimo ¨naba¨, debió ser utilizado por primera vez por los ocupantes fundadores del castro de Irueña para designar la zona de Navasfrías. Esta zona de praderas o valles cercanos a la montaña, con toda probabilidad sirvió como territorio de pastoreo, con ocupaciones periódicas al menos durante la temporada de pastos, dadas las dimensiones del castro y la cantidad de rebaños necesarios para la subsistencia de sus ocupantes; ya que su economía, combinada con la agricultura, era prioritariamente ganadera. La utilización de estas praderas o valles, anterior a los vetones, habría podido ocurrir durante las últimas fases del bronce final.

Las ruinas de este castro están situadas en un promontorio, en el ángulo formado por el arroyo del Rolloso en su confluencia con el río Águeda, cuyo cauce debido a la actividad del castro, serviría de nexo de unión entre Irueña y el término del actual Navasfrías, situado a unos 10-15 Km. aguas arriba y que posiblemente siguió siendo el enlace de estas zonas durante toda la vida activa de este poblado, especialmente en época vetona cuya economía, dependía casi exclusivamente de la ganadería; extendiéndose sus dominios hasta la Riba Côa.

En estas economías dependientes especialmente del agua, el río tuvo un papel muy importante no solamente para la abundancia de sus cosechas y pastos, sino que posiblemente sirvió de referencia en el camino hacia las zonas mineras, situadas en las cabeceras de los ríos no solamente de este, sino también de sus afluentes.

De la posible existencia de alguna ruta directa entre Irueña y la zona navasfríeña, tenemos la referencia de un itinerario usado hasta no hace muchos años, en el cual, las mercancías y ganados, eran transportados en carros, caballerías y a pie por el llamado ¨Camino Blanco¨; un trayecto interior, que desde Navasfrías, cruzaba la Genestosa a través de las zonas de pastos de las dehesas situadas a la derecha de la carretera que actualmente une Navasfrías y Casillas de Flores, pasando en este término por los Mazos; para llegar a Fuenteguinaldo vadeando el arroyo del Rolloso cerca de la zona del castro.

La falta de testimonios sobre el origen del castro de Irueña, debido a no haberse llevado a cabo excavaciones serias en la zona, hace que no sea posible una fecha de datación exacta sobre su antigüedad y primeros ocupantes, suponiendo su ocupación por alguna tribu ibérica a comienzos del primer milenio a. C; posiblemente durante el primer tercio de este milenio.

La posibilidad de que el aquitano (lengua vasca arcaica) estuviese emparentado con las demás lenguas habladas antes de la entrada de los pueblos celtas, habría establecido un substrato lingüístico preindoeuropeo, con un tronco común en toda la Península.

La pervivencia de elementos preindoeuropeos en la toponimia indoeuropea, más fuerte en el centro y el oeste peninsulares, hace de la voz ¨naba¨ un término común; incorporando su homófona ¨nava¨, como préstamo, el indoeuropeo preceltico con el mismo significado.

Los préstamos de las diferentes lenguas de los pueblos que han ocupado la Península, han ido conformando, a través de los tiempos, un estrato lingüístico que ha sido parte en la formación del castellano.

Estrabón en el libro IV. 2. 1, afirma que iberos y aquitanos son similares y hablan lenguas parecidas. “Los Aquitanos son completamente diferentes de belgas y celtas, no solo en su idioma, sino también en su aspecto físico, que se asemeja más al de los iberos que al de los Galos”.

Llanura aluvial.

La existencia de estaño y oro de aluvión, tampoco paso desapercibida para nativos y comerciantes en la zona de El Bardal, cuya búsqueda quedo de manifiesto en los montones de sedimentos, murias, junto a las lagunas de donde se extrajeron los materiales para su lavado; hoy día ya desaparecidos por el allanamiento de estos terrenos, que fueron convertidos en pradera para el ganado y posteriormente en un parque de recreo; aunque estas búsquedas también se llevarían a cabo durante la época vetona y finalmente, en esta primera y larga etapa, en tiempos de la dominación de Roma.

La segunda etapa de búsqueda de minerales, coligada a la búsqueda de volframita, daría comienzo en los primeros años del siglo XX en las zonas adyacentes al primer tramo del rio Rubiós, con explotaciones mineras subterráneas y excavaciones a cielo abierto.



EL BARDAL (Zona de las lagunas en fase de transformación en parque de recreo)

Los yacimientos aluviales, se originan en la zona del bardal, en aquella época, por los desbordamientos periódicos del río Roladrón, que al ensancharse en una zona tan amplia, va sedimentando en capas superpuestas todo lo que arrastra desde su cabecera, originando placeres por la erosión y el transporte de los materiales de los yacimientos primarios.

También las pequeñas represas construidas con vigas de madera, halladas en el río Águeda a partir de su actual confluencia con Roladrón, dieron lugar a placeres en el seno del río, buscando de esta forma el estancamiento de los minerales en dichos placeres, para poder extraerlos con más facilidad.

Densidad de los minerales de aluvión GM cm3: oro 17, volframita 7.3, casiterita 7, pirita 5.

Estos filones secundarios, suelen acumular cantidades bastante importantes de oro y estaño en todos los ríos de la zona; debido a que su mineralización se produce en las vetas de los pizarrales por donde transcurre su cauce, haciendo el agua la labor de extracción durante todo el curso del río y facilitando así en gran manera el trabajo del hombre en la obtención de los minerales.

De la existencia de los minerales, tenemos referencias generalizadas desde la antigüedad y más recientes y concretas, en las memorias políticas y económicas de E. Larruga.

Estrabón III, 3, 5. “La región situada entre el Tajo y el país de los ártabros (costa norte gallega), habitan unas 30 tribus. Esta región es naturalmente rica en frutos del campo y en ganados, en oro y plata y muchos otros metales”.

CONFLUENCIA DE LOS RIOS ÁGUEDA Y ROLADRON (al fondo la sierra de Las Mezas)

Mineral de Oro. (Memorias políticas y económicas. MDCCXCV. E Larruga. T. XXXIV pp. 298, 299)

“Según la común opinión, los montes de las inmediaciones de Ciudad Rodrigo que divide la Extremadura, están llenos de minerales de varias especies. El oro puro se coge en los arroyos que se desprenden de ellos por una y otra banda”.

Actualmente en estas zonas se siguen produciendo hallazgos de oro y casiterita por los aficionados al bateo, principalmente en el río Águeda, que es el más frecuentado por los bateadores.

La forma de extracción de minerales mediante la práctica del bateo y lavado de arenas y grabas, empleando diferentes técnicas, es tan antigua como el principio de la búsqueda de minerales por el hombre; describiendo ya Estrabón en su geografía de la Península III-2, 8, la forma de proceder para la localización y obtención en este caso del oro.

“El oro no se extrae únicamente de las minas, sino también por lavado. Los ríos y torrentes arrastran arenas auríferas. Otros muchos lugares desprovistos de agua las contienen también; el oro, sin embargo, no se advierte en ellos, pero sí en los lugares regados, donde el placer de oro se ve relucir; cuando el lugar es seco, basta irrigarlo para que el placer reluzca; abriendo pozos, o por otros medios, se lava la arena y se obtiene el oro; actualmente son más numerosos los lavaderos de oro que las minas”.

Es tal la importancia que adquiere el comercio de los metales, esencialmente el del estaño durante el bronce Atlántico, que no solamente se llevo a cabo su búsqueda en todo el oeste de la península, incluida Galicia, sino que se crearon rutas hacia Bretaña y Cornualles.

Una de las zonas de gran importancia en la ruta atlántica, en aquella época, fueron las Casitérides, por la abundancia de minerales y que son nombradas por Estrabón III 5.11, en su descripción de la Península; pero que no son ubicadas por Este de una forma clara, sino que se limita a situar las diez islas al norte del puerto de los Ártabros; citando a los fenicios de Gádir como los primeros en comerciar con los habitantes de las islas, obteniendo el estaño, el plomo y las pieles de animales, a cambio de sus cerámicas, sal y utensilios de bronce.

“Las islas Kassiterides (Kassiteros= Estaño) son en número de diez, todas ellas muy cercanas entre sí y situadas hacia el norte del Puerto de los Ártabros, en plena mar. Una de ellas está despoblada; las demás están habitadas por hombres que visten mantos negros y llevan sobrepuestas túnicas talares sujetas alrededor del pecho, y caminan con báculos, asemejándose por ello a las Poinaí (démones) de la tragedia. Viven, habitualmente, del producto de sus ganados, al modo de los pueblos nómadas. Tienen metales de estaño y plomo, y los cambian, así como las pieles de sus bestias, por cerámica, sal y utensilios de bronce que les llevan los mercaderes. En un principio este comercio era explotado únicamente por los fenicios desde Gádir, quienes ocultaban a los demás las rutas que conducían a estas islas”.

No obstante, pese a la afirmación de Estrabón, estas rutas ya habían sido transitadas por los tartesios con anterioridad a los fenicios.

La fama de las riquezas de la península llega a tal punto entre los pueblos del Mediterráneo, que estas llegan a ser objeto de narración en las leyendas de la mitología griega, en uno de los doce trabajos que le impuso a Heracles, por designio de Hera, Euristeo, rey de Mecenas.

¨Gerioneida de Estesicoro, siglo VI a. C¨.

Así, el héroe Heracles robará la barca (copa de oro) del Sol y navegara con ella hasta el río océano, que bordea la tierra en los confines del poniente. Cercano a este, estaba Tartessos, el río de raíces de plata, donde Heracles lucho cuerpo a cuerpo con Gerión, al que arrebato los rebaños de bueyes rojos para llevarlos a Grecia”.

domingo, 1 de agosto de 2010

Entorno próximo.

Del Tajo al Duero.

Huellas en el Paleolitico Inferior.
Las referencias del comienzo de la evolución de la especie humana, aparecen en zonas muy alejadas de lo que hoy es la frontera portuguesa en su confluencia con la sierra de Gata.
Los primeros pobladores de los que se tiene constancia hasta ahora, aparecen en la Península durante la época glacial, Glaciación Günz, en el paleolítico inferior, contrastado por estudios realizados en Atapuerca, cifrando la fecha de aparición del “homo antecessor“ hace 800.000 años; aunque las investigaciones amplían cada día más la antigüedad de esta aparición en la península.
También en el paleolítico inferior, y esto mucho más cercano a estos parajes, E Jalhay y A do Paço, indican 173 estaciones en Portugal, situadas la mayor parte en zonas de la costa occidental, exceptuando las del río Caia, en las proximidades de Elvas.
Estas estaciones irían aumentando hacia el interior, en las depresiones de los ríos, primero en el Tajo y más tarde en el norte, riberas del Agueda, Tormes y Duero, cuando las condiciones climáticas en la costa fueron más desfavorables. Las estaciones con frecuencia contienen fosiles de mamiferos y moluscos; así como restos de industrias liticas.
Hacia el interior y mucho más cercanos a la Sierra de Gata, en la parte Sur, ocupados en época interglacial, Mindel-Riss, nos encontramos los Yacimientos Achelenses del Rincón del Obispo, en la zona de Coria, datado en unos 300.000 años a C. y el del Sartalejo, en el termino de Galisteo, datado en unos 250.000 años a C., con industrias líticas de endidores, lascas de tipo Levallois, raederas, buriles, cuchillos, puntas de flechas y cantos bifaciales trabajados.
También en las riberas del Tormes, cercanos a Salamanca zona oeste, el Padre Moran ha llevado a cabo el estudio de varios yacimientos achelenses, con cuarcitas de grano grueso, trabajadas toscamente con tallas faciales y bifaciales; aunque sin determinar la época.
Estas ocupaciones, debido a las condiciones climáticas en las que comienza el desarrollo y evolución del genero homo, fueron en exceso complicadas, aunque de suma importancia para el desarrollo de la vida; ya que las glaciaciones con fuerte disminución de las temperaturas y grandes zonas cubiertas de hielo, influyeron decisivamente en la flora y en la fauna. Los periodos de grandes fríos, épocas glaciales, se alternaron con otros más cálidos, épocas interglaciales. Estos cambios condicionaron la forma de vida de la especie humana, dependientes de la caza y de la recolección, obligandoles a constantes desplazamientos en busca de alimentos, pudiendo estos, sobrepasar las 50 leguas año.
La falta del fuego cuya utilización se supone generalizada hace aproximadamente unos 400.000 años, les obligo si cabe con mayor necesidad en épocas anteriores, a buscar refugios y fabricar vestidos con pieles de animales en las épocas de grandes fríos.
La fauna de la península tuvo algunos cambios, ya que a los mamíferos más importantes existentes, como el elefante, bisonte, ciervo real, oso de las cavernas, caballo salvaje, lince, jabalí, uro, cabra montesa ibérica, liebre, lirón y conejo, se unieron otros característicos de los sitios fríos, el mamut, rinoceronte peludo y reno.
En uno de estos periodos interglaciales vivieron en el centro de Portugal, el hipopótamo, la pantera y la hiena rayada; posiblemente muy cercanos o en estas mismas montañas.

Paleolítico Medio.
Las decadas posteriores en los que aparecen los primeros indicios del homo Neanderthal (90.000-28.000 años), no fueron precisamente idóneos para su asentamiento en la zona de la Sierra de Gata; pues en el Wúrm, la última glaciación del cuaternario superior europeo, desarrollada al final del pleistoceno, el Sistema Central hace unos 50.000 años, a partir de la sierra de Béjar, presentó glaciares en todas las vertientes alrededor de los picos Trampal 2.425 m y Calvitero 2.401 m, cuando el límite de las nieves permanentes se encontraba en esta zona en los 1.800 m, coincidiendo la Sierra de la Peña de Francia, de 1.723 m, con el límite climático de nieves permanentes y no encontrándose en esta huellas de glaciación. Las demás cumbres que componen el Sistema Central hasta la frontera portuguesa, son menos elevadas, y por tanto por debajo de los limites de glaciación, Canchera Pico Tiendas 1.590 m, Bolla 1.519 m, Bolla Chica 1408, Jañona 1.367 m, Jálama 1.492 m, el Espinazo 1.332 m y Las Mezas 1265m, que aunque no presentaron glaciares, sufrieron las consecuencias de los inviernos largos con grandes nevadas y temperaturas muy bajas. En su continuación, el Sistema Central en la zona oeste, presento glaciares en cotas más bajas; en la Sierra de la Estrella, de 1991 m, a partir de los 1600 – 1650m. La Serra do Açor 1349 m y la Serra de Lousa 1202 m, por debajo del limite en esta zona, no presentaron glaciares.

Paleolítico Superior y Epipalolitico.
La desaparición del hombre Neandertal, en los primeros 7.000 años del Paleolítico Superior, dejo como único ocupante de la Península al homo sapiens-sapiens.
Durante la última Máxima Glaciación, hace 22.000 años, comprendida también dentro de la Glaciación Würm, las condiciones climáticas serían más severas; ya que el frente polar en el Atlántico llegaría a casi toda la costa Oeste peninsular, bajando la temperatura de las aguas a medida que se iba hacia el Norte.
A partir de los 40º de latitud, hasta donde llegaban los iceberg procedentes del Manto Laurentino y Finoescandinavo antes de descongelarse, la temperatura de las aguas no llegaba a superar los 10º; coincidiendo esta latitud justamente con la parte sur de la Sierra de Gata, e incrementando las malas condiciones los vientos polares que alcanzaban toda la costa atlántica.
Durante esta época, en las costas del norte de la Península se llegaban a alcanzar temperaturas aún más bajas, situándose en las estaciones del verano en un máximo de 8º y en invierno en una media de -5º; bajando también las cotas de glaciación y situándose en algunos casos en los 1000m. de altura.
Estas condiciones tan desfavorables en las costas, llevarían a sus pobladores a desplazarse hacia el interior en busca de alimentos y al abrigo del frente polar, siguiendo los cauces de los ríos e instalándose en la confluencia del Duero y el Côa; ya que las condiciones aun serian más desfavorables en las zonas altas del interior.
La deglaciación, comienza hace unos 18.000 años, logrando establecerse un clima relativamente templado al final del subperíodo Magdaleniense (de una antigüedad que se sitúa entre 15.000-10.000 años).
La presencia más cercana y más antigua del hombre sapiens-sapiens conocida hasta ahora, data del subperíodo Auriñaciense (30.000 - 25.000 años) y se encuentra alejada de la zona, al Sur del Tajo, y a unos 125 Km., en la cueva de Maltravieso, El Calerizo (Cáceres); adjudicandole las investigaciones llevadas a cabo una antigüedad próxima a los 30.000 años.
En Portugal, en Foz Côa, los grabados rupestres al aire libre, según los estudios realizados, parecen asegurar la presencia humana en la Riba Côa a finales del Gravettiense ( 25.000-18.000 años), en las primeras fases del periodo postglacial.
Pero la presencia más cercana la encontramos a unos 60 Km., aguas abajo del río Águeda en la estación rupestre de Siega Verde, en las proximidades de Castillejo de Martín Viejo, Villar de la Yegua, y Villar de Argañan, con una antigüedad sin determinar exactamente, pero que se sitúa aproximadamente a principios del Solutrense ( 18.000-15.000 años).
En principio la presencia humana aparece alejada de lo que es el Sistema Central, en zonas más bajas y por tanto más cálidas, pero cerca de los ríos, como es el caso también de Mazouco ( Freixo de Espada-a-Cinta) al aire libre y cerca del Duero.
Con la subida de las temperaturas en el holoceno, el hombre se refugia en zonas montañosas, penetrando en valles como las Batuecas, con pinturas rupestres aún en estudio, pero posiblemente enlazando ya con el final del neolítico.

Neolítico, presencia muy cercana.
Sin que se pueda demostrar la presencia estable del hombre en el área de Navasfrías por la falta de elementos que así lo testifiquen, sí podemos pensar en su presencia al menos como zona de caza y pastoreo en el Neolítico, o como muy tarde en el Calcolítico, por la presencia de monumentos megalíticos y dolménicos en diferentes puntos, en un circulo con radio no superior a 15 ó 20 Km.
La mayor parte de estos monumentos funerarios se encuentran en mal estado, caso de Casillas de Flores o Fuenteguinaldo. En otros casos donde existen más indicios de presencia humana, como es el Concejo de Sabugal, en el alto Riba Côa y al abrigo de la Sierra de las Mezas, algunos han desaparecido, pero tenemos referencia de ellos por las memorias parroquiales de Gaspar Simoes, año1758, en las que describe en aquella época la existencia de 5 dólmenes en Ruivós, 2 en Aldeia da Ribera, 1 en Cardeal y 1 en Bendada, en campo abierto, y cada una de ellas de 5, 6 ó 7 piedras verticales de 12 ó 14 palmos, arrimadas unas a otras en circulo, y sobre ellas una laja en forma de mesa formando la cámara funeraria. En estas cámaras se hallaron otras piedras pequeñas, que según la descripción que de ellas hace Gaspar Simoes, son catalogadas como hojas de sílex y hachas de piedra pulida.
La desaparición de estos monumentos funerarios, ha sido casi siempre debido a la utilización que hizo el hombre de estos materiales para la construcción de viviendas y cercados de fincas; aunque otros han desaparecido simplemente al quedar sepultados con el paso del tiempo.
Joaquín Manel Correia nos describe los restos de la única anta existente a comienzos del siglo XX en Ruivós, próxima a la capilla de San Pablo; compuesta ya solamente por tres piedras, una de 6 palmos de altura, otra de nueve palmos y medio y dos palmos y medio de grosor.
En Alfayates, últimamente se ha descubierto un dolmen en las proximidades del convento de Socaparte, compuesto por tres piedras de granito en posición vertical y situadas en forma de U.
En la Beira Alta, se conservan aún en buen estado las antas de Pêra do Moço (Guarda), Casal da Pedra de Anta, en Malhada Sorda (Almeida); y monumentos megalíticos en las proximidades das Ïnguias y do Monte do Bispo, concejo de Belmonte; todo esto hace pensar en un posible enlace con los pobladores de las riberas del Tajo y del bajo Riba Côa de épocas anteriores.
Por otra parte, son conocidos en la Sierra de Gata los dólmenes de Robledillo de Gata, de Hernán Pérez y Montehermoso; así como los restos de Castillejos, hachas pulimentadas, piedras de moler manualmente, restos de cerámica e incluso puntas de flechas.
A parte de todos estos monumentos funerarios más cercanos, en las Beiras los megalitos son cuantiosos, cifrando en 300 los de la Beira Alta, distrito de Viseu y 120 los de la Beira Litoral, identificados por Leisner y Ribeiro 1968 y datando su construcción en los primeros 250 años del IV milenio a C.
Los Ligures protohistóricos, parece ser, están ligados directamente con la cultura megalítica extendida por casi toda la península, ocupando principalmente la zona oeste.
Esta es la primera denominación genérica empleada por los griegos para designar a los antiguos habitantes de la Península.
El profesor A. Schulten, considera Ligur a toda la península, antes de la entrada de los iberos. Los Ligures, son considerados así mismo el sustrato etnográfico de la Península, por otros muchos autores.
Según el filólogo alemán Wolf, los Ligures, fueron indoeuropeizados por una rama de los ilirios, los Carnoilirios.
En cierta manera el pensamiento de Menéndez Pidal, coincide con esta teoría, considerando que el Ligur clásico era un idioma no indoeuropeo, fuertemente indoeuropeizado.
La teoría de la llegada de los ilirios a la Península aproximadamente hacia el año 1000 a C., es defendida por Pokorny y Almagro Basch; aunque Menéndez Pidal considera que además de ilirios fueron Ambrones también los que penetraron en esta época, anteriormente a la entrada de los celtas. Todos estos pueblos parecen provenientes de la cultura de los campos de urnas.
Con la certeza que dan todos los hallazgos expuestos anteriormente, de presencia humana, algunos en zonas cercanas y al parecer bastante pobladas, podemos estar casi seguros de su presencia en el área, por la evolución del hombre y su dedicación a la agricultura y la ganadería, dada la abundancia de agua y pastos, aunque fuese exclusivamente como zona de pastoreo.
A falta de estos testimonios, la toponimia que aún perdura en el término municipal de Navasfrías, posibilita la certeza de ocupación de estos terrenos en épocas precelticas.
Gorgollón, (borbollón “borb”, según Menéndez Pidal, raíz Ligur Iliria, i. e. = agua abundante) “Gorg”, onomatopeya del ruido que produce el agua en los manantiales, forma anterior a la de borbollón y tan antigua como el mismo lenguaje.
Salama, Ligur – Ilirio, i.e., “sal“= agua, “am(m)a” = madre; agua madre, manantial, fuente.
Navas Frías, nava, topónimo vasco, “naba”= valle próximo a la montaña.
De época posterior, Rubeolos, hidrónimo, raíz lat., “rubeo” = estar rojo, derivando progresivamente, Rubioso > Rubiós.
Este hidrónimo, es con toda probabilidad debido al arrastre por el río de menas de oro, ya que actualmente aún se pueden encontrar.
Es conocida la búsqueda de minerales, durante la dominación de Roma, en toda esta zona, quedando más constancia en Valverde del Fresno, Eljas y Perales del Puerto.
El topónimo nava, atendiendo a la relación de los ligures con el pueblo vasco, conclusión de Schulten al afirmar que el idioma vasco es un relicto Ligur; seria claramente precéltico.
Con la teoría de otros autores, considerando afinidad entre los idiomas vasco e ibero, nos llevaría a encuadrar este topónimo como de sustrato vasco-ibero; con la misma conclusión que podríamos llegar anteriormente, la ocupación en épocas precélticas, si no estables, al menos con ocupaciones periódicas durante la época de pastos, dada la cercanía al castro Ibero de Irueña, a unas tres leguas aguas abajo del río Águeda.


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